Interesados escépticos: los casos de Altamira y Orce.

La Historia en general, y la Prehistoria en particular, no son disciplinas agradecidas a la hora de investigar. Cuando se trae a colación el manido debate de si esto es una ciencia o no lo es, el principal argumento en contra es que el conocimiento jamás podrá ser completamente empírico y, sobre todo, absoluto. Me explico: tú encuentras hoy un hueso de un homínido y, tras analizarlo, concluyes que es el más antiguo de Europa. Te montas tu teoría, muy bien construida: de dónde viene el bicho, por dónde entró; si es el resultado de una evolución única que se propagó desde un punto concreto o si, por el contrario, hubo diversas evoluciones separadas en distintas regiones.

Una vez tienes la tesis elaborada, encuadernada, defendida y aceptada, viene un pavo cualquiera, encuentra un hueso más antiguo que el tuyo y ale, a tomar viento tu teoría. Si ya me dijo mi madre que me especializara en Medieval. 

Pero, ¿qué pasa cuando el tipo al que le chafan el argumento no se lo toma a bien? ¿Qué pasa cuando quien debe avalar el nuevo descubrimiento es una de las personas perjudicadas por él?

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