La leyenda negra: el demonio del sur

Llegamos al fin al auténtico meollo de la Leyenda negra. Y es que aunque ya hemos visto que esta serie de exageraciones y odio mal justificado tuvieron su origen en la expansión aragonesa por el Mediterráneo, y que abarca temas tan variados como la Conquista de América, la Inquisición o la Guerra de Flandes, si hay una figura que todos imaginamos automáticamente al escuchar el término “leyenda negra” es la de ese hombre rubio, algo bajito, siempre vestido de negro, de faz severa. El Rey Católico, Felipe II. El hombre que para sus enemigos encarnó todas las perversiones del espíritu español; el fanático católico, el implacable imperialista, el asesino, el -incluso- parricida e incestuoso. Serie de bondades que hicieron que se le apodara, muy gráficamente, el demonio del sur.

Aquel hombre de aspecto más nórdico que meridional, rubio de ojos azules, producto de la mezcla de varias razas, ha sido para muchos el símbolo de una España cuya imagen se confundía con la de Castilla, grave, austera, sin sonrisa.

– Antonio Domínguez Ortiz, Historia de España de Alianza.

Hace unos meses tuve la ocasión de observar un hecho curioso. Una de las aproximadamente diez mil cuentas de divulgación histórica que sigo en Twitter creó un hashtag -disculpen que no recuerde el nombre- de contradicciones y curiosidades. Lo que uno espera de un seguidor de una cuenta de este tipo es un nivel mínimo de conocimientos históricos; sin embargo, navegando entre las aportaciones al tag -casi todas curiosas y graciosas- me encontré, no podía faltar, con el que señalaba la contradicción de que el prudente Felipe II hubiera denominado Armada Invencible a la escuadra que acabaría pegándosela frente a las costas británicas.

Inmediatamente realicé mi aportación señalando el verdadero origen del término, y que España se llamó, sencillamente, la Gran Armada o Armada a secas. No recuerdo cuántos retuits obtuvo mi mensaje, pero muchos menos que la supuesta contradicción histórica que jamás fue.

Me resultó curioso que tal cosa ocurriera en el ámbito de personas supuestamente interesadas en la Historia, pero que desconocen un dato tan básico. Si recordáis la anécdota con la que abría esta serie de artículos, veremos que éste parece ser otro más de nuestros rasgos. Preferir el mito a la realidad, escudarnos en la historia romántica mil veces repetida antes que informarnos con datos y textos.

Y si hay un rey cuya imagen haya quedado enturbiada por el mito, ése es sin duda Felipe II. El último de los Austrias Mayores.

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