Monasterio de Cartuja

Continúo con mi objetivo de rellenar de contenido este blog cuyo propósito inicial ha sido boicoteado sin piedad por el tijeretazo pertinente, y lo hago mostrando a los 2 ó 3 lectores que debo de llevar acumulados una parte semi-desconocida de la que objetivamente debería ser reconocida como la ciudad más bonita del mundo y que, oh casualidad, es la mía.

Y es que hay gente, ya se sabe, que aunque cuando viaja a otros lugares se patea hasta el último rincón que indique el portal de viajes de turno, cámara en mano e Instagram alerta, y sin embargo, los muy catetos, ignoran alguno de los puntos de interés más bellos de su propio terruño.

Como yo, por ejemplo.

Así que después de pasar no menos de seis años de mi vida subiendo y bajando cada día de la semana -excepto los viernes, que es día de prácticas, y las prácticas en Historia… bueno– la célebre cuesta de la Cartuja, me decidí a entrar en el monasterio que da nombre a uno de los campus -y el más grande- de la UGR, que da cabida a los universitarios que se dejan llevar por su sensibilidad humanística y su vocación. Y también a los de Empresariales.

Antes de nada…

Stat Crux dum volvitur orbis

Kartuizerembleem
(La cruz es estable mientras el mundo da vueltas. Podría ser el título de la próxima canción de España en Eurovisión, pero no; es el lema de la orden de los cartujos.)

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