Julia y Pili no son iguales

Julia es una alumna brillante. Cuando digo brillante, es brillante. El tipo de alumna que interioriza la lección hasta el punto de discutirte en clase. Terriblemente sensible a la injusticia, capta con rapidez cuestiones tan complejas como el New Deal, y sin embargo le cuesta asimilar conceptos que sus compañeros ni cuestionan, como el por qué del antisemitismo. A su mente privilegiada se le suma su enorme capacidad de trabajo. Participa en todas las actividades de clase con el firme propósito de ser la mejor.
En otro tipo de clase o de entorno, Julia sería tachada como una insufrible empollona. Algunos profesores, incluso, podrían confundir su competitividad con prepotencia. Afortunadamente, en esta clase no está sola. Junto con otra media docena de compañeros, quizá menos brillantes pero inteligentes y trabajadores, tiran del carro y obligan a los demás -alumnos que serían mediocres en otro grupo- a seguirles el ritmo.
Al otro lado de la clase se sienta Pili. Pili es la antítesis de todo lo que he descrito, es esa alumna que, hace unos años, jamás habría pisado la clase de 1º de Bachillerato. El contraste con sus compañeros es sencillamente brutal. En sus comentarios, preguntas e incluso bromas se percibe una diferencia abismal, no sólo de formación, sino también de madurez mental. Tampoco está dispuesta a trabajar para suplir su endeblez formativa. No es mala persona, no es mala compañera, ni siquiera es una mala alumna: sencillamente es una chica sin capacidad intelectual para cursar un bachillerato.
Julia y Pili no son iguales, pero el sistema educativo se empeña en igualarlas como si de formar clones se tratara. Confundimos la igualdad de oportunidades -que ambas han tenido- con la igualdad absoluta -que desprecia el trabajo de los que se esfuerzan-. El no tener capacidad para cursar estudios superiores no es nada peyorativo, como tampoco lo es no tener capacidad para el deporte; no obstante, no creo que te admitieran en ningún club de fútbol, baloncesto o atletismo si no fueras capaz de correr un rato sin acabar con la lengua fuera. El cerebro de Pili es incapaz de correr al mismo ritmo que el de sus compañeros -un ritmo mínimo- y, sin embargo, ahí está. Y la primera perjudicada es ella misma.
Julia y Pili no son iguales, aunque ambas obtuvieron el mismo título idéntico de graduadas en ESO tras seguir dos trayectorias muy diferentes: una, aprobando de forma impecable tras un pleno de sobresalientes; la otra, por vía Diversificación tras repetir curso. En ningún apartado de ese papelito consta el esfuerzo de una y otra, la diferencia entre una y otra. Es más, será el mismo título que reciban los alumnos -potencialmente conflictivos, al menos en mi instituto- que consigan sacarse el título de PCPI, la vía para los que ni siquiera consiguen aprobar la Diversificación.
Julia, obviamente, no se llama Julia, pero sí que es una chica real de dieciséis años que a veces se indigna y me pregunta por qué se les fuerza a ser iguales cuando está claro que no lo son. Pili tampoco se llama Pili, pero es una muchacha de dieciocho años que acabará frustrada al intentar completar un camino para el que no dispone de los medios de locomoción necesarios. Desgraciadamente, hay muchas Julias y Pilis rondando por las aulas.
Sólo espero que la primera no tenga miedo de seguir siendo competitiva. Que no se arrede cuando llegue el que la ha de insultar con el clásico epíteto de “empollona”. Estamos muy dispuestos a apoyar al que es capaz de saltar, nadar o correr más que nadie. Pero parece que queda mal, que queda feo, alabar y estimular cuando es la mente la que acelera a un ritmo distinto.

20 cosas aparentemente insignificantes que aprenderás cuando estés dando clase

Pero mucho más importantes que la mitad de la basura que se estudia en el CAP:
1. A planificar actividades fotocopiables para llevarlas en los días que tengas examen, por si algún alumno lo termina antes de tiempo (o lo deja en blanco) y amenaza con molestar a sus compañeros.
2. A llevarte un bolígrafo barato (Bic o de publicidad) para prestar a compañeros o incluso alumnos.
3. A programar una fotocopiadora como si llevaras toda tu vida en una copistería.
4. A no dejarte conmover por las peticiones de los alumnos cuando te piden que cambies una fecha de examen/que cambies una hora de clase/que les dejes estudiar.
5. A sospechar cuando un alumno te pide ir al baño.
6. A “dejar a su aire” a determinado tipo de alumnos.
7. A no adoptar una estrategia que no te pega. Si eres cercana e intentas ir de severa, sólo lograrás que te tomen por el pito del sereno. Y viceversa.
8. A que tus compañeros de guardia no te la den con queso.
9. A programar una actividad absorbente para los últimos 10 minutos de clase y que así no se pongan nerviosos.
10. A amenazar con lo que más duele.
11. A utilizar el teléfono móvil de los alumnos en tu beneficio.
12. A llegar a pactos de no agresión con alumnos potencialmente conflictivos.
13. A llevar siempre un libro en la cartera. O un portátil.
14. A no enfrentarte jamás con los machos o hembras alfa en el aula, frente a la manada.
15. Los trucos que utilizan para copiar (y aún así te la siguen dando).
16. Que la utilidad “enviar sms a padres” de Séneca es tu nuevo mejor amigo.
17. A saber qué clase de vídeos les pueden gustar ver, y cuáles les aburrirán.
18. A utilizar sabiamente la atracción que sienten por el morbo, la violencia y el sexo.
19. A hacerles ver que les conviene llevarse bien contigo.
20. A cogerles cariño, a los muy puñeteros.