La vida 2.0

Hace muchos años -no tengo el valor de contarlos- cuando empezó a popularizarse la presencia de cibercafés en España, recuerdo que una de las aficiones principales de cualquier pandilla de amigos -la mía, mismamente- era quedar “para ir al cíber” y desde allí, cada uno en un ordenador o por parejas, entrar a lo que genéricamente se conocía como “el chat”, porque entonces nos parecía realmente novedoso eso de estar hablando con un señor de la Conchinchina desde un local cutre junto al bar de Paco.

Entretenimiento adolescente a finales de los años 90.

El chat, en la mayoría de los casos, solía ser el mítico IRC, y la diversión, que ahora me parece absurda, solía seguir el mismo patrón. Uno abría el mIRC, se conectaba a los socorridos canales correspondientes (#granada en nuestro caso, #sexo en el de los adolescentes de corte más salidorro) e iniciaba aleatoriamente conversaciones con los nicks que más curiosos nos parecieran de la siguiente forma:

– hola
– hola
– como estas?
– bien y tu?
– tb

Y así hasta el infinito.

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