Reinterpretando (y mintiendo)

Hoy se celebra el día de la Toma de Granada. Objetivamente, esto significa lo siguiente: que hace 521 años, tal día como hoy, 2 de enero, tras firmar las preceptivas capitulaciones entre los Reyes Católicos y el último monarca de la dinastía nazarí, el desdichado Boabdil, el pendón de Castilla ondeó -tremoló- por primera vez desde la fortaleza que había sido residencia de la familia real nazarita. Por tanto se conmemora que hace 521 años que el núcleo del antiguo Reino de Granada se incorporó a la corona castellana, reino que en su unión con Aragón fue, a su vez, fermento de la actual nación española.

Hasta ahí, es Historia.

El ritual con el que se conmemora tan importante efeméride es corto y sencillo hasta el punto de resultar aséptico. El concejal más joven del Ayuntamiento de Granada tiene cada 2 de enero la misión de tremolar el pendón de Castilla, primero en una ceremonia privada ante la tumba de los citados Reyes Católicos -que descansan para siempre, junto con los restos de su hija Juana y de su marido Felipe, en la Capilla Real anexa a la Santa Iglesia Catedral granadina-, después en el balcón principal del dicho consistorio tras una breve exhortación dirigida a los granadinos –“¡Granada!”, se repite tres veces, y a las tres los congregados responden “¿qué?”-, seguida de tres vivas a España, a Andalucía y a la propia ciudad, acompañados posteriormente de la interpretación del himno nacional, el autonómico y el himno oficioso de Granada, la famosa canción homónima. Todo el proceso se lleva a cabo dos veces más, momento en el cuál el pendón vuelve a su sitio, el concejal y la banda se retiran y los asistentes al acto se pierden por la calle Navas en busca de unas bien merecidas tapas.

Hasta aquí, es tradición. A la que se puede tachar de repetitiva y poco espectacular, pero en ningún modo de intolerante, xenófoba o racista.

La_Rendición_de_Granada_-_Pradilla

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