Desmontando mitos: Torquemada.

“Hasta por lo menos finales del s. XVIII no hubo tolerancia religiosa en ningún país de Europa, fuera católico o protestante (…). En la Edad Media, lo mismo que en la Moderna, nunca existió lo que llamamos tolerancia, libertad de conciencia, respeto del otro.”

– Joseph Pérez, Crónica de la Inquisición en España.

Yo imagino que esto pasará con todas las disciplinas, pero en cuestiones históricas, las injerencias del saber popular se llevan la palma. Hay tantos mitos, leyendas negras, leyendas rosas y pre concepciones, que incluso podemos encontrar una sección concreta de obras historiográficas dedicadas a desmontar tanta pamplina; sin que nadie, por supuesto, les haga ni puñetero caso.

La lista es larga y bien conocida, pero si hay algo que me duele especialmente es todo lo que afecta a la Edad Moderna hispana. Concretamente hay un asunto que me saca de las pocas casillas que tengo, que es el de la archifamosa inquisición española. Y dentro de ella, la figura de su más célebre inquisidor: fray Tomás de Torquemada.

La verdad es que la imagen no ayuda a cogerle simpatía.
La verdad es que la imagen no ayuda a cogerle simpatía.

Torquemada, Torquemada. El mismo nombre parece provocar escalofríos. Todos tenemos su imagen grabada en la retina, severo rostro de rasgos duros matizados por la tonsura; imagen del fanático, del monje inculto e irracional, siempre olfateando la herejía y buscando, tras cada esquina, al perverso judaizante.

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Reinterpretando (y mintiendo)

Hoy se celebra el día de la Toma de Granada. Objetivamente, esto significa lo siguiente: que hace 521 años, tal día como hoy, 2 de enero, tras firmar las preceptivas capitulaciones entre los Reyes Católicos y el último monarca de la dinastía nazarí, el desdichado Boabdil, el pendón de Castilla ondeó -tremoló- por primera vez desde la fortaleza que había sido residencia de la familia real nazarita. Por tanto se conmemora que hace 521 años que el núcleo del antiguo Reino de Granada se incorporó a la corona castellana, reino que en su unión con Aragón fue, a su vez, fermento de la actual nación española.

Hasta ahí, es Historia.

El ritual con el que se conmemora tan importante efeméride es corto y sencillo hasta el punto de resultar aséptico. El concejal más joven del Ayuntamiento de Granada tiene cada 2 de enero la misión de tremolar el pendón de Castilla, primero en una ceremonia privada ante la tumba de los citados Reyes Católicos -que descansan para siempre, junto con los restos de su hija Juana y de su marido Felipe, en la Capilla Real anexa a la Santa Iglesia Catedral granadina-, después en el balcón principal del dicho consistorio tras una breve exhortación dirigida a los granadinos –“¡Granada!”, se repite tres veces, y a las tres los congregados responden “¿qué?”-, seguida de tres vivas a España, a Andalucía y a la propia ciudad, acompañados posteriormente de la interpretación del himno nacional, el autonómico y el himno oficioso de Granada, la famosa canción homónima. Todo el proceso se lleva a cabo dos veces más, momento en el cuál el pendón vuelve a su sitio, el concejal y la banda se retiran y los asistentes al acto se pierden por la calle Navas en busca de unas bien merecidas tapas.

Hasta aquí, es tradición. A la que se puede tachar de repetitiva y poco espectacular, pero en ningún modo de intolerante, xenófoba o racista.

La_Rendición_de_Granada_-_Pradilla

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