El escalofriante caso de los niños con dos meses de vacaciones

De vez en cuando una tiene que escribir entradas como ésta. Historias escalofriantes con una alta carga de drama humano, de las que hacen surgir los lagrimones, revuelven estómagos y hasta te dejan tan pensativo que olvidas consultar el Whatsapp durante diez minutos seguidos. Historias que -siento daros este disgusto- calan hondo y no se olvidan. Haciéndote saborear el regusto amargo de la injusticia.

Así que: almas sensibles, absténganse de seguir leyendo. El que avisa no es traidor.

Tan triste relato empieza anteayer al mediodía. En casa estaba puesta la radio con el típico programa de las dos de la tarde de la SER, y afortunadamente yo ya tenía mi plato a medio terminar cuando la radiofónica voz empezó a desgranar la historia que habría estremecido a Spielberg, si Spielberg fuese oyente de la SER. Un drama que nadie debería tener derecho a emitir, así, de sopetón y sin avisar.

Que resulta que los niños tienen dos meses -y pico- de vacaciones.

Abundo en la tristeza de este asunto: los niños tienen dos meses de vacaciones y los padres no.

Madre mía.

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