Las mujeres del Ministerio

Ayer terminó la primera temporada de El Ministerio del Tiempo, y a poco que hayan leído algún tuit mío sobre la serie, ya sabrán que me encanta. Esa refrescante mezcla de Historia y humor -aderezada con sarcasmo nacional y un guión muy bien hilado-, se hacía necesaria. Que te traten como a un ser inteligente cuando te sientas frente a la tele es un detalle que se agradece. Y la lista de frases y situaciones épicas que hemos podido disfrutar en apenas ocho capítulos resulta interminable.

Como digo, me encanta El Ministerio del Tiempo -MdT de ahora en adelante-. Y algún día, probablemente, escribiré para argumentar por qué me gusta tanto. Pero hoy no es ese día.

Hoy vengo a quejarme de dos rasgos que se manifiestan con irritante profusión en obras de ficción y que en esta serie, precisamente por su excelencia, resultan especialmente sangrantes.

(Contiene spoilers de la serie.)

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Series históricas: Hijos del Tercer Reich

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“Dicen que todo lo que te rodea queda en silencio en el momento de la muerte.”

Confieso que la primera vez que escuché hablar de Hijos del Tercer Reich, la idea no me motivó mucho. Oh, una mini-serie sobre la II Guerra Mundial, pensé. Otra.

Y es que habrá pocas etapas históricas con tanta repercusión audiovisual como la segunda gran guerra y el nazismo. Prácticamente no ha quedado aspecto sin reseñar, la mayoría gracias a obras de altísima calidad. Desde la magnífica escena del Desembarco de Normandía que pudimos ver en Salvar al Soldado Ryan, hasta las peripecias de los paracaidistas de la 101 Airbone en esa joya llamada Hermanos de Sangre, y eso sin contar con las cientos de recreaciones de los campos de concentración y la persecución judía. En este contexto, pensé que Hijos del Tercer Reich no podría aportar demasiado.

Obviamente, me equivoqué.

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Título: Unsere Mütter, unsere Väter (original). Generation War (inglés). Hijos del Tercer Reich (castellano).

Miniserie de 3 capítulos.

Año de emisión: 2013.

(Reseña sin spoilers demasiado importantes. Es decir, los nazis pierden la guerra y tal.)

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Series históricas: Isabel

Quien más y quien menos lo ha pensado alguna vez: ¿cómo es posible que una Historia tan rica y variada como es la de España esté mediáticamente tan desaprovechada? El asunto da incluso un poco de rabia. Habría que ver lo que hubiera hecho Hollywood con la Reconquista, o la que habrían liado los ingleses si hubieran sido ellos los protagonistas de la hazaña de Lepanto. Con la vida de Blas de Lezo se podría hacer una serie de películas que dejarían a los famosos Piratas del Caribe a la altura de marineritos de bañera. Y qué decir de esos Tercios de Flandes, dominando con mano de hierro un Imperio…

Pues no.

De nuestra ficción el 90% consiste en guerra civil, guerra civil y más guerra civil. Y lo restante es para echarse a temblar. Salvo por alguna joya aislada como 1492. La Conquista del Paraíso, cada vez que un director de televisión o de cine recurre a los libros de Historia en busca de inspiración, el historiador decente sólo puede taparse los ojos y rezar para que todo pase lo más rápido posible.

Nada de Lezo ni de Bazán, ni siquiera de don Juan de Austria. ¿La Reconquista? Eso sería exaltación de la intolerancia, por favor. Y los Tercios… sí, vale, pase. Pero sólo para mostrar su lado más decadente en la derrota de Roicroi -que ni mucho menos fue el final de tan poderosa fuerza militar-. Y para que aparezca Viggo Mortensen hablando raro.

Como ya he dicho alguna vez, tenemos un tortazo muy bien dado.

Afortunadamente, la situación parece –parece– estar cambiando.

Recientemente han surgido varias series que, ¡albricias! ¡No son de la Guerra Civil! La verdad es que no he echado un vistazo ni a Hispania, ni a su sucesora Imperium -tienen pinta de ser culebrones ambientados en la época, más que otra cosa- ni a la popular Águila Roja -que, sin embargo, nos dejó un memorable Himno de los Tercios-. Pero me parece estupendo que el productor español, por una vez, saque la naricita del 1936–1939.

No obstante, el auténtico soplo de aire fresco, la serie rompedora que me hace conservar la esperanza de que no todo está perdido, se estrenó hace un par de años, después de haber pasado ocho meses olvidada en un cajón de RTVE sin que nadie se decidiera a rescatarla. Quizá porque pensaban que la hacía escasa apología de la multiculturalidad y educación en valores, quizá porque creían que se situaba demasiado lejos cronológicamente de 1936 para tener éxito. Da igual. Fuera cual fuera la excusa por la que Isabel estuvo a punto de ser condenada al ostracismo, ya no importa. Porque la serie se estrenó. Y fue un rotundo éxito. Y yo que me alegro.

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Series históricas: Templarios

Reconozco que acogí con entusiasmo la noticia de que Canal de Historia -ya sabéis, el de los aliens– produciría una serie sobre los templarios ambientada en la Península Ibérica. Y es que la incursión de este canal en el mundo de las series no ha podido ser más positiva: Vikings -de la que soy fiel seguidora- y The Bible -a la que aún no he podido echar el guante, pero de la que me llegan referencias muy buenas- han sido todo un éxito. Con estos antecedentes, se comprende que me frotara las manos al pensar que se emularía el éxito de los de Ragnar Lothbrok, pero esta vez con los legendarios caballeros de la Orden del Templo como protagonistas.

Esto es humildad y no lo de Xavi Hernández.
Esto es humildad y no lo de Xavi Hernández.

Reconozco, también, que mi primera toma de contacto con Templarios fue una total, absoluta y profunda decepción.

Y es que resulta que Templarios no es una serie.

No es una serie como Vikings. No hay personajes demasiado perfilados, no hay diálogos, no hay un argumento como tal. Pese a lo que asegura con cabezonería tanto la página web del Canal de Historia como todas las referencias que he podido encontrar, Templarios es una serie documental con recreaciones al estilo de Memoria de España. Eso sí, un documental muy bien hecho, y con una voz en off espléndida que ayuda a meterse en situación. Pero un documental.

Pasado el bajón de ver que el producto que había estado esperando durante tanto tiempo no era lo que se había anunciado, lo cierto es que no me costó engancharme a Templarios, cuya primera temporada -seis episodios- se hace realmente corta.

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Series históricas: una necesaria introducción.

Cuando hablamos de recursos multimedia, muchos profesores se limitan a los manidos documentales o presentaciones en Power Point. Y es cierto que cuando uno ha estudiado a base de libro de texto y diapositivas -diapositivas originales, de las que tenían un botoncito para pasar de una a otra que, con suerte, el profe dejaba apretar al menos gamberro de la clase- el despliegue que permite la pizarra digital puede parecer novedoso. Pero seamos sinceros: una ficha con más de diez líneas proyectada en la pared no es atractiva ni para ellos ni, probablemente, tampoco para nosotros.

Reconozco que dediqué una gran parte del tiempo que destinaba a preparar mis clases a buscar recursos novedosos e impactantes que pudieran conseguir la proeza de mantener callados a mis bestezuelas durante cinco minutos. Sin ningún pudor recurrí a lo que yo denomino aprendizaje mediante el trauma© y es que no es lo mismo un documental aséptico de 50 minutos del History Channel sobre los nazis que ver a un apacible abuelo sentado en el programa de Ana Rosa llorando a lágrima viva mientras cuenta las atrocidades que le han hecho. Los documentales, salvo en algunos casos muy concretos, deberían desterrarse de las aulas. Está matemáticamente comprobado que los nenes empiezan a bostezar en cuando sale el logo de Discovery, National Geographic o alguno de la decena de canales documentales con los que personalmente fui torturada durante mi infancia -sólo que, en mi caso, con el añejo sabor de un VHS cascado y con interferencias-.

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