Privilegios

Una de las cosas más importantes que he aprendido este año ha sido ser consciente de mis propios privilegios. Fue gracias a un tuit de una tuitstar a la que no sigo, que me hizo reflexionar sobre algo que, honestamente, jamás me había planteado. El inmenso privilegio que supone haber nacido en el Hemisferio Norte, ser de raza blanca, de orientación heterosexual y perfectamente cómoda con los rasgos sexuales asignados durante mi desarrollo en el vientre materno.

¿Os parece una tontería? Recapitulemos. Número de veces que me he sentido observada por mi color de piel: cero. Número de veces que alguien ha evitado sentarse a mi lado en el autobús por la etnia a la que pertenezco: cero también. Número de veces que he soltado el famoso “papá, mamá, tenemos que hablar”: una, pero fue cuando me admitieron en la carrera de Historia, así que no cuenta. Veces que me he tenido que dar explicaciones sobre mi propia sexualidad: ninguna.

Tampoco me han mirado mal al entrar a ningún comercio, tachándome de potencial ladrona antes de abrir la boca. No he visto mi religión, mi cultura o mi lengua siendo especialmente atacadas. Nadie me ha llamado jamás blanquita, como sí llaman a otros negrito o sudaca. No he sufrido un solo episodio de racismo o xenofobia. Ignoro cómo es eso de que te miren mal por ir de la mano con tu pareja. Nunca me han llamado viciosa o enferma mental. Jamás he temido ser agredida, física o verbalmente, por mis preferencias sexuales.

Y tampoco sé lo que es ver a mi país en guerra. Nunca he vivido una hambruna. Jamás he pasado escasez. No se han negado a atenderme en ningún consultorio médico. He podido conseguir fácilmente todas las vacunas y medicinas que he necesitado a lo largo de mis veintinueve años de vida. Tengo Internet, portátil, teléfono móvil, coche y dinero con el que mantenerlos. Tengo un techo encima de mi cabeza todas las noches y una cama mullida debajo. Tengo todas mis necesidades primarias tan cubiertas que hasta me permito el lujo de preocuparme por algo tan insignificante como un equipo de fútbol.

Todo eso, amigos míos, es un privilegio de la hostia.

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Lisboa

Este verano he tenido la relativa suerte de visitar Lisboa; suerte porque no deja de ser una ciudad bonita, y relativa porque las continuas trampas para turistas han hecho que abandonara tierras portuguesas con más de un cabreo. Pero, en cualquier caso, aquí les dejo las mejores fotos del viaje, que sin duda no hacen justicia a la decadente fotogenia de la capital del país vecino:

Lisboa centro:

 

Plaza del Comercio HDRLa preciosa Plaza del Comercio (sí, me gustan los HDR; deténganme).

 

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