Series históricas: Hijos del Tercer Reich

maxresdefault

“Dicen que todo lo que te rodea queda en silencio en el momento de la muerte.”

Confieso que la primera vez que escuché hablar de Hijos del Tercer Reich, la idea no me motivó mucho. Oh, una mini-serie sobre la II Guerra Mundial, pensé. Otra.

Y es que habrá pocas etapas históricas con tanta repercusión audiovisual como la segunda gran guerra y el nazismo. Prácticamente no ha quedado aspecto sin reseñar, la mayoría gracias a obras de altísima calidad. Desde la magnífica escena del Desembarco de Normandía que pudimos ver en Salvar al Soldado Ryan, hasta las peripecias de los paracaidistas de la 101 Airbone en esa joya llamada Hermanos de Sangre, y eso sin contar con las cientos de recreaciones de los campos de concentración y la persecución judía. En este contexto, pensé que Hijos del Tercer Reich no podría aportar demasiado.

Obviamente, me equivoqué.

1*LVZYFZC334KLRQ4b1AG2ig

Título: Unsere Mütter, unsere Väter (original). Generation War (inglés). Hijos del Tercer Reich (castellano).

Miniserie de 3 capítulos.

Año de emisión: 2013.

(Reseña sin spoilers demasiado importantes. Es decir, los nazis pierden la guerra y tal.)

La historia de tus padres

Quizá sería más adecuado nombrar a esta serie por su título original: Unsere Mütter, unsere Väter que traducido literalmente vendría a ser Nuestras madres, nuestros padres. Una auténtica declaración de intenciones dirigida a los espectadores del canal alemán ZDF, donde fue estrenada por primera vez.

Hijos del Tercer Reich venía a llenar un hueco del que nadie había sido consciente hasta la fecha: el de agitador de las conciencias de la nación alemana. Y es que en Merkelandia -como pudimos palpar en la extraordinaria La Ola- las generaciones más jóvenes han tendido a alejarse de la satanización -excesiva- vivida por su país aun a riesgo de olvidar su propia Historia reciente. Hijos del Tercer Reich es el recordatorio de que los deplorables hechos acontecidos durante la etapa nazi no fueron perpetrados por ningún pueblo extraño desaparecido de la noche a la mañana. Fueron sus propios padres o abuelos; fueron sus antepasados los que denunciaron, torturaron o simplemente callaron.

Hijos del Tercer Reich agita conciencias, pero lo maravilloso es que lo hace desde el punto de vista del que siempre ha sido presentado como el enemigo. No es una producción americana más donde todos los alemanes son tipos altos, rubios y malvados; esta serie tiene la virtud de mostrar a los odiados nazis como tipos normales que aman, sufren, se cuestionan sus ideales y acaban haciendo todo lo posible por asegurar su propia supervivencia. Hijos del Tercer Reich nos muestra un amplio abanico de lo que era la sociedad alemana de la época -desde el convencido soldado de la Wehrmacht hasta el judío orgullosamente alemán- y lo hace contándonos la historia de cinco amigos para los cuáles nada volverá a ser lo mismo.

url

“Éramos cinco amigos. Éramos cinco jóvenes y creíamos que el mundo nos pertenecía”

Berlín, 1941. Cinco jóvenes de lo más dispar se reúnen en un bar para celebrar una especie de fiesta de despedida. Estos jóvenes son Wilhem, Friedhelm, Viktor, Greta y Charlotte.

Esa reunión en el bar sirve como punto de partida y a la vez como escena recurrente que nos será recordada durante el resto de la serie. En esa fiesta, donde los protagonistas beben, bailan y ríen, se nos empiezan a asentar las bases de las diferentes personalidades que marcarán el ritmo de la historia.

Así sabremos que Wilhem es teniente del ejército, el típico buen alemán, buen ario y buen hijo. Que su hermano pequeño, Friedhelm, es el ratón de biblioteca, el idealista, el rebelde que se incorpora a regañadientes a filas. Que la cándida Charlotte acaba de ser admitida como enfermera para acompañar a las tropas, probablemente para así poder estar más cerca de Wilhem, de quien está enamorada en secreto. Que Viktor es un judío que trabaja en la sastrería de su padre -combatiente en las filas alemanas durante la I Guerra Mundial-, y a pesar de ser uno más del grupo empieza pronto a comprender que hay algo, invisible pero indeleble, que le separa de sus cuatro amigos. Y que Greta, novia de Viktor y camarera del bar, es una joven alegre que no se detendrá ante nada para conseguir su sueño: ser una estrella de la música.

Al día siguiente Friedhelm, Wilhem y Charlotte partirán al frente; es, por tanto, su última noche juntos. Y como cuenta la voz en off de Wilhem -narrador de la serie- piensan que el mundo les pertenece. Con la inocencia de la juventud, están convencidos de que la guerra acabará pronto -de que Alemania ganará rápidamente- y prometen reunirse de nuevo en Navidad. La Navidad en Berlín, repiten como última promesa antes de sacarse la última foto. La foto que es la imagen más icónica de la serie y que acompañará a cada uno de los cinco en sus andanzas.

Generation War

Amigos y enemigos

A partir de ese momento, los cinco emprenden trayectorias diferentes, aunque paralelas, que en varios momentos se entrecruzarán de forma decisiva. Frieldhelm se incorpora a la compañía de su hermano, que tendrá que esforzarse por enseñarle a ser un buen militar. Charlotte empieza a trabajar en un hospital de campaña, donde sus ideas preconcebidas saltarán hechas añicos -el contraste entre su entusiasmo hitleriano y el pragmatismo resignado de la enfermera veterana es de las mejores escenas de la serie-. Greta empieza a hacer realidad su sueño gracias al contacto con un jerarca nazi. Y Viktor, evidentemente, comienza la carrera por salvar su vida; una línea argumental que deparará más sorpresas de lo que pueda parecer en un principio.

La relación entre Charlotte y esta misteriosa mujer ucraniana es una de las más interesantes de la serie.
La relación entre Charlotte y esta misteriosa mujer ucraniana es una de las más interesantes de la serie.

Y ésa es parte de la riqueza de Hijos del Tercer Reich: que ninguno de los protagonistas recorre el camino que podía parecer obvio. No; no hay campos de concentración ni duchas de gas. Sí que hay idealistas que pierden la fe, desencantados que fabrican su propia razón para luchar, desertores inesperados, amigos que traicionan y enemigos que te salvan la vida.

– Somos sus enemigos y nos ayuda.

– Yo ayudo a personas, lo mismo que usted.

Hay cinco personas que sufren un cambio paulatino pero profundo, lento pero absolutamente irreversible, hasta el punto de llegar un momento en el que no se reconocen a sí mismos. Sin querer revelar mucho de la trama, hay una escena brutal en la que Charlotte, Wilhem, Friedhelm y Greta se reencuentran cuando la última va a ofrecer un espectáculo a los soldados del frente; en un contexto aparentemente festivo, bastan un par de miradas y de frases para que nos demos cuenta de que ya no son esos amigos que se despidieron entre risas en Berlín. Tan sólo esa escena -para mí la mejor y la más significativa de la serie-, que se desarrolla en el interior de un camerino, explica más sobre los horrores y los cambios que provoca la guerra que todas las demás escenas de tiroteos y trincheras.

grethe

“Cuando vas a la guerra, al principio luchas por la patria. Más tarde, cuando empiezas a olvidar, luchas por los camaradas, para no dejarlos en la estacada. ¿Pero qué ocurre cuando no queda nadie? ¿Por qué luchas entonces?”

“Pronto sólo habrá alemanes y ni un solo nazi. Entonces, ¿quiénes seremos?”

Que quede clara una cosa: Hijos del Tercer Reich no es una serie bélica al uso. Esto no quiere decir que no veamos batallas, disparos y tanques; los hay, por supuesto, pero no son las escenas más importantes. No esperéis el despliegue armamentístico de Hermanos de Sangre o The Pacific. Las escenas más interesantes de la serie no transcurren en campos de batalla, sino en bares, camerinos, hospitales de campaña o trincheras donde los soldados simplemente se cobijan bajo sus mantas y esperan.

“La mayoría de la gente cree que la guerra consiste sobre todo en luchar. No es verdad, consiste sobre todo en esperar.”

Y es aquí donde Hijos del Tercer Reich sobresale por encima de todas las demás. Es precisamente en los compases finales, cuando la guerra ha acabado para los protagonistas -cuando vemos una nueva Alemania que se deshace de los símbolos del nazismo-, donde encontramos sus momentos de mayor brillantez. Las reflexiones más lúcidas, a la luz de una hoguera cuyas llamas devoran el uniforme de un alto miembro del partido. La amargura de una ciudad de Berlín destruida donde, como apunta Wilhem, ya no quedan nazis. Sólo buenos alemanes.

Porque la injusticia no acaba con el final de la guerra. Los responsables directos del genocidio sobreviven, mudando la piel, mientras los peones del tablero regresan a un hogar vacío o se buscan una muerte segura en el frente. Una última acometida contra las balas de alguien que ya no se reconoce a sí mismo.

La última escena es una réplica de la inicial, en ese mismo bar donde se inició todo. Allí -entre cascotes y polvo- se reúnen los supervivientes, sabiendo que de alguna forma ellos ya están muertos por dentro.

“Matas antes de que te maten. Eso es todo”

Pocos puntos flacos puedo señalar a esta serie, quizá la duración excesiva del tercer episodio o el aburrido tonteo amoroso de patio de colegio entre Wilhem y Charlotte. Las cinco historias logran mantener el interés, conformando un conjunto más que coherente. Destaco la evolución de Charlotte -el personaje mejor desarrollado- y ese plano final de Greta, tan elegante y al mismo tiempo tan sobrecogedor.

Hay gente capaz de distinguir el modelo exacto de un fusil mostrado en el fondo de un fotograma durante medio segundo. Yo no soy una de esas personas, así que, aun a riesgo de equivocarme, diré que Hijos del Tercer Reich me parece bastante rigurosa con la Historia. Hay varias licencias, como el reencuentro de alguno de los cinco amigos en situaciones casi milagrosas, pero nada que no sea comprensible para el desarrollo de la trama.

Respecto al punto de vista que transmite, hay que señalar que la serie ha causado cierta polémica en Polonia por señalar un aspecto poco conocido: el fuerte antisemitismo de los partisanos polacos. En opinión de algunos, para descargar de responsabilidades a los alemanes; yo, por el contrario, pienso que sólo añade otro enfoque más, lo que contribuye a diluir aún más esa línea entre “buenos” y “malos” que en Hijos del Tercer Reich resulta prácticamente inexistente.

Porque en esta serie no se salva nadie: ni los jerarcas nazis, ni los soldados alemanes, ni los buenos ciudadanos que prefirieron mirar para otro lado, ni los miembros de la resistencia, ni el ejército de “liberación” ruso -su entrada en el hospital de campaña donde trabaja Charlotte es de esas escenas que revuelven el estómago-. Hijos del Tercer Reich no pretende lavar la imagen de nadie: sólo mostrar una guerra en la que casi todos son, a la vez, verdugos y víctimas.

friedhelm

– ¿Cómo has sobrevivido tanto tiempo?

– Esperando a que maten al de al lado.

PD: Según se desprende de los créditos finales, la serie está basada en una historia real de la que, desgraciadamente, no he conseguido encontrar información alguna.

Anuncios

2 thoughts on “Series históricas: Hijos del Tercer Reich

  1. Muy buena serie. Genial. Me faltó en el último capitulo ver como llegan los protagonistas a Berlín ya que estaban perdidas en Polonia, desertando, escapando o soportando a los rusos. Pero me parece acertadísima tener una serie con la visión de los propios jóvenes alemanes.
    Sobre lo de historia real por los créditos finales creo que fué una licencia del autor para cerrar el circulo

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s