Cuatro cuestiones sobre educación que quizá no conozca (pero que debería conocer si es padre)

La semana que viene comienza oficialmente el curso 2014/2015. Un curso que por desgracia, vendrá marcado por los mismos problemas que en años anteriores, pero con la novedad añadida de la magnífica LOMCE -que, si Zidane nos ampara, no llegará a aplicarse en Secundaria-. Un curso donde nuevamente los profesionales de la tiza tendrán que hacer frente a la escasez de medios, la alta ratio, la…

¡Alto, alto, alto! Espera. No cierres la ventana. En serio. No. La cierres. Retira ese cursor de la crucecita… Así. Despacito. Muy bien.

Y ahora, déjame hablar.

No te voy a llorar sobre nuestra situación, en serio. Me ha costado, ha sido un proceso largo y tortuoso, pero al final he acabado aceptando que la situación de mi gremio, al resto del mundo, le importa un carajo. Y es que un trabajador cualquiera puede despotricar a gusto contra su jefe, la miseria de sueldo o la burrada de horas extra que cargan a sus espaldas, pero… ¿Eres funcionario? Entonces calladito, que todo el mundo sabe que los funcionarios abandonan su puesto de trabajo a las 11.30 para desayunar durante un par de horas, se pasan el día jugando al solitario de Windows y son a los que hay que cortar la cabeza para poner en su lugar magníficas subcontratas donde os exploten por una miseria de sueldo cargándoos de una burrada de horas extra…

Captado.

Pero no he venido aquí a hablar de los profesores. Esa gentuza.

He venido aquí a hablar de los niños.

Tus hijos. O tus futuros hijos. O tus sobrinos. O tus futuros sobrinos. O los de tu vecino, los que te van a romper el cristal del salón de un balonazo. Da igual. El futuro de España. Los que serán tus médicos dentro de treinta años. Los que te limpiarán el culete cuando no puedas andar.

Esos.

Hablemos de tus hijos, pues. Y de cómo lo que ha sucedido en los últimos años está afectando su futuro.

Así a lo mejor, cuando salga el próximo informe PISA, en lugar de echarle la culpa íntegramente a los profesores -gentuza, repito- tienes una idea más aproximada de lo que ocurre en realidad.

La ignorada realidad del sistema educativo

El caso es: tenemos un sistema educativo muy bien montado; no os voy a decir para qué, pero muy bien montado. Unas líneas muy bien definidas; unas asignaturas variadas que permiten la formación integral de la persona. Equipos de apoyo para orientar al alumno o a la alumna. Si el nene o la nena no consiguen llegar a los contenidos mínimos y paupérrimos de la ESO, se les manda a Diversificación; si no pueden con Diver, ¡no pasa nada! Tenemos PCPI. Eso sí, al final del proceso todos reciben el mismo título; vaya a sentirse el chaval o la chavala discriminado o discriminada.

Está todo muy bien pensado.

En teoría.

Y el sistema no es que fuera una joya, pero bueno: hubo un momento en el que medio funcionaba. Luego llegaron los gobiernos, estatales y autonómicos, y empezaron a hacer sus cositas. Pequeñas reformas que exasperan a los profesores -esa gentuza- pero hacen dar palmitas con las orejas a los papás o las mamás. Porque los papás y las mamás, generalmente, no tienen la menor idea de lo que ocurre dentro de las tenebrosas paredes de un instituto.

Y me parece una situación francamente curiosa. Si uno tiene un coche, seguro que no lo lleva al primer mecánico que se cruce, sin saber si es de confianza o te va a arreglar el reventón con un poco de chicle. Si vamos a contratar un seguro, nos pasamos horas haciendo comparaciones entre una y otra compañía. Si nos queremos comprar un móvil, nos vemos hasta los vídeos del unboxing en Youtube. ¡Pero si hasta para ir a un restaurante necesitamos consultar las opiniones en Tripadvisor!

En cambio a los nenes los mandamos alegremente a clase, con el único requisito de que vuelvan, en orden de preferencia: a) limpios; b) tarde; c) enteros. Todo lo demás nos da exactamente igual, porque confiamos en que la Administración -pronúnciese con la solemnidad que la palabra requiere, por favor- velará por la buena educación de nuestros hijos e hijas hasta que sean ciudadanos y ciudadanas de provecho y provecha.

Ja.

A continuación os explicaré algunas de las novedades y situaciones introducidas recientemente -o no tan recientemente- y cómo están comprometiendo gravemente el futuro de los demonios que tienes ahora mismo en el sofá jugando a la Play Station.

1. El aumento de horas semanales

Explicación breve: el gobierno central, como medida anticrisis, decidió aumentar dos horas más la carga lectiva de la gentuz… profesores.

Lo que la sociedad dijo: ¡bien! No les va a pasar nada por tener dos horas más. ¡Que trabajen, que trabajan poco!

Lo que los padres pensaron: pues dos horas más de Mates, Lengua, etc. para mi niño. Así igual me ahorro las clases de apoyo.

La realidad:

Tus hijos siguen dando exactamente las mismas horas de todas las asignaturas.

– ¿Pero no habían aumentado dos horas a los profesores?

Sí, sí. Pero ese aumento no se ve reflejado en el horario de los niños. Entre otras cosas porque tus críos ya pasan una cantidad elevada de tiempo sentados en un pupitre y, oiga, yo no tengo hijos, pero creo que de vez en cuando hay que sacarlos a pasear y darles de comer.

Lo que pasa cuando el gobierno de turno decide subir las horas lectivas es que uno o más profesores van a la calle porque sus compañeros se reparten entre todos su horario para completar esas dos horitas de nada.

¿Cómo se elige quién se va? Si esto fuera una sociedad civilizada, con un duelo en el patio al amanecer. Como estamos en España, la respuesta es clara: aquél cuyo horario puedan impartir con más facilidad otros profesores.

Es decir: o un profesor de un departamento “grande” como Lengua, Inglés o -ups- Sociales, que dejará que sus compañeros se repartan sus horas, o un profesor, normalmente el único, de asignaturas como Música, Plástica, Tecnología o Informática. Es decir: las asignaturas que, supuestamente, puede dar todo el mundo.

En el caso de Música y Plástica la situación es verdaderamente sangrante. En los institutos de tamaño pequeño-medio es realmente raro que haya profesor de esas asignaturas, que se reparten entre los demás. En el mejor de los casos, el que recibe esas clases para completar horario tiene cierta idea de lo que va a dar; en el peor, se convierten en las llamadas horas libres u horas wifi.

Es decir, dos asignaturas que aparentemente van destinadas a favorecer la formación integral de la persona que se están dando, en muchos casos, mal –o no se están dando, directamente– boicoteando el camino, quién sabe, de algún futuro director de orquesta o artista de talla internacional.

2. La ratio.

Explicación breve: el gobierno central, en su sabiduría, decidió aumentar la ratio de alumnos por clase, que ya era elevada.

Lo que la sociedad dijo: tampoco pasa nada. A esos profesores les gusta mucho quejarse.

Lo que los padres pensaron: bueno, tendrán un poco de más jaleo pero ya está.

La realidad:

¿Te acuerdas del maravilloso sistema educativo finlandés? Sí, claro que te acuerdas: te acuerdas de que los profesores eran contratados, y que Magisterio era la carrera más dura. No como en España. Pero seguro que no te acuerdas de otro elemento clave: la bajísima ratio de alumnos por clase.

Te voy a contar un secreto, ahora que estamos tú y yo aquí tan ricamente: a mí la ratio, en realidad, me da exactamente igual. Yo las pirámides de Egipto las puedo explicar igual a 10, que a 39. El jaleo es algo relativo: he tenido clases de menos de 20 críos que chillaban, gritaban y pataleaban como otras de 40.

A quienes no le da igual es a tus nenes.

Piensa en el médico. No es lo mismo que vea a 30 pacientes a la hora a que vea a 10, ¿cierto?

Con esto pasa igual: si tengo 15 alumnos los podré atender individualmente mejor que a 30. Si tengo 40, apenas me sabré sus nombres, y por supuesto que no podré estar pendiente de si estudian o hacen los deberes. Evidentemente haré todo el esfuerzo posible para atenderles bien; pero mi diagnóstico, como el del médico que te ve en 5 minutejos, será necesariamente superficial. Si no tengo tiempo a enseñarle a hacer un comentario de texto, pasará de curso sin saber hacerlo; si mis compañeros de matemáticas no consiguen enseñarle a dividir, pasará de curso con esa tara

Pero eso no es lo peor.

Piensa: ¿qué es lo que más preocupa a los padres sobre la educación de sus hijos, incluso más que el hecho de que se apunten a todas las actividades extraescolares para no tener que aguantarlos por la tarde?

Ajá. Los idiomas.

Es un tema que siempre me hace saltar. Porque todo el mundo, aunque no haya pisado un instituto en su vida, sabe que los idiomas se imparten mal. Y saben cómo deben impartirlos. Porque, por supuesto, la culpa es del profe de inglés. Que es el que no sabe.

He conocido a varios profesores de inglés. Los hay de todos los colores, altos y bajos, apañados y bordes. Pero casi todos presentan una peculiaridad curiosa: les encanta ese idioma de piratas. Les encanta enseñarlo. Son así de raros, oiga.

Compruebo que la gente en general está convencida de que los profesores de inglés no saben inglés. Permítanme ilustrarles: un profesor funcionario -que haya superado las oposiciones- de inglés habrá tenido que aprobar con buenísima nota una prueba práctica, una prueba escrita y otra oral –60 minutos de discurso con vocabulario bastante especializado- íntegra en inglés para entrar a trabajar en un instituto. Y un interino, casi que también.

– Pero es que no saben enseñar. En los institutos sólo se da gramática, ¿no se dan cuenta? Hay que potenciar el tema del speaking, el listening y…

Ya, ya.

Es verdad.

Deberían hacer ejercicios de hablar, deberían corregirles la pronunciación, y deberían escuchar muchos audios para ir pillando el acento.

Correcto.

Por favor, explíqueme alguno de los lumbreras cómo, con una clase de 35 alumnos y una Radio-CD cascada como único material digital, podemos hacerles hablar, pronunciar y escuchar como lo hacen en esas academias tan cucas de 10 alumnos máximo por clase, aulas de ordenadores con sus correspondientes auriculares y 100 euros a la semana.

Y ésa es la razón por la que tus hijos saben gramática, pero apenas leen y no hablan. Y por eso los tienes que apuntar a academias. Porque el ratio de alumnos por clase afecta, principalmente, a la enseñanza de los idiomas. ¿A que ahora no te parece tan gracioso?

3. La no sustitución de profesores de baja

Explicación breve: la Administración cada vez es más reacia y sustituye con mayor lentitud a los profesores que caen enfermos.

Lo que la sociedad dijo: bueno, y qué. Hay más profesores, que alguno haga su trabajo, en vez de estar haraganeando jugando al Solitario o desayunando.

Lo que los padres pensaron: pues ya ves, a mí cuando me pongo malo no me sustituye nadie.

La realidad:

De vez en cuanto a los profesores -esa gentuza- les da por ponerse malos. Bueno, malos ya son; enfermos, me refiero. Enfermedades terminales, huesos rotos, problemas respiratorios… Hasta tienen la poca vergüenza de pretender tener hijos, quedarse embarazadas ellas, coger sus correspondientes permisos de paternidad ellos. Como te lo cuento, chico. Una locura.

Cuando un profesor cae en combate y es temporalmente apartado de las trincheras, no cae solo. Deja tras de sí a varios grupos de alumnos, varias horas de clase a la semana, varios trabajos por corregir, varios deberes por poner, varios exámenes sin hacer, varios padres a los que explicar pacientemente por qué tu crío ha suspendido habiendo sacado un 0,5 en el examen -las décimas son por poner el nombre-. Ese tipo de asuntos pendientes.

Antiguamente, la solución era tan sencilla como contactar con una entidad de origen desconocido llamado profesor sustituto.

El profesor sustituto llegaba, se presentaba, recibía los libros y las libretas de notas, se equivocaba diez veces de aula, se perdía otras diez por los pasillos del insti, y continuaba las clases en el mismo punto donde las dejó el titular. Así, la baja apenas repercutía en el día a día y la calidad de la educación de las bestezuelas.

Lo malo de los profesores sustitutos, claro, es que tienen la desfachatez de pretender cobrar por su trabajo.

Brillantemente, la Administración decidió alargar y alargaaaaaar el tiempo que tardaba un sustituto en relevar a un titular con la esperanza de que, para entonces, éste se hubiera reincorporado a la vida del frente de batalla.

Quince días. Un mes. Más. O menos. La cosa depende del momento, del enfermo, de la asignatura y del lugar. Si la baja se produce en el mes I a.N -antes de Navidad; o sea, diciembre- la Administración ya se habrá pulido todo el dinero en sobresueldos, asesores, ERES falsos y esas cosas, por lo que tendrá el bolsillo tiritando. Si la enfermedad no parece mortal, la sustitución también puede alargarse; si se alarga durante meses porque resulta ser un virus desconocido del Plague Inc., ¡pues qué le vamos a hacer!.

Mientras, en el instituto, la anarquía campa a sus anchas y los niños han dejado de recibir clase de esa asignatura. Porque el profesor que los atiende puede ser cualquier miembro del claustro que se encuentre de guardia en ese momento, por lo que es imposible que un compañero de departamento se encargue de esos grupos. Y así es como se han dado casos de críos que han pasado casi todo el año sin recibir clase de una materia, o el de chavales de bachillerato que han ido a Selectividad sin haber podido ver todo el temario con su profesor.

4. El descenso del nivel

Explicación breve: el nivel es cada vez más bajo.

Lo que la sociedad dijo: la culpa es de los profesores, que no les saben enseñar ni les dan inglés ni informática ni les dicen cómo usar el Ofis.

Lo que los padres pensaron: en mi época, los libros tenían menos dibujos.

La realidad:

Todo alumno está aprobado mientras no se demuestre lo contrario.

En serio.

Ignoro cómo se colocaban antiguamente las notas. Yo cuando llegué ya me encontré con las magníficas tablas de ponderaciones que los departamentos incluyen en las Programaciones de las distintas asignaturas y la Administración ha de aprobar.

¿Cómo funcionan estas tablas de ponderaciones? Tomaré un ejemplo sacado directamente de uno de los viejos cuadernos de clase en excel que aún tengo guardados en el ordenador:

20% Clase (deberes)

20% Trabajos

20% Actitud

40% Exámenes

Es decir: 40% la nota del examen, 60% de hacer los deberes y no darme demasiado la lata. Pueden parecer porcentajes razonables para un curso de la ESO; el problema es cuando en Bachillerato te encuentras que la nota del examen pesa sólo 60% y un 40% se destina a la actitud, los deberes y los trabajitos. Preparación para Bolonia, supongo.

Si uno se atiene a las tablas de ponderación, la mayoría de los alumnos deben aprobar sin problemas. A poco que saquen un 3 en los exámenes y se porten de una forma medianamente decente, esta maravillosa forma de evaluar conseguirá que la media les dé el 5 o incluso el 6 que necesitan para aprobar la asignatura.

Pero la historia no acaba ahí. Si los alumnos de turno son tan borricos que se las apañan para suspender, el profesor deberá además justificar muy bien ese suspenso. Tras cada evaluación hay reuniones de claustro donde se exponen los porcentajes de aprobados de cada profesor; en el caso de que este porcentaje resulte llamativo, el inspector se materializará cual chica de la curva y diciéndote “en este padre cabreado me maté yo” tendrá una reunión contigo en la que te animará a ser un poco más flexible. No se nos vayan a traumatizar los chiquillos, hombre por Dios.

Siempre es el profesor el cuestionado; nunca al revés.

La conclusión es que todo está diseñado para que aprueben el mayor porcentaje de alumnos posibles, por bajo que sea su nivel real. Así se maquillan resultados de cara a la galería y se mantiene la mediocridad de un sistema educativo que está consiguiendo lo que parecía imposible: hacer descender, también, el nivel de las universidades.

Evaluación final

¿Qué puedo hacer yo, como profe? Quejarme. Amén de otras cosas que ya hago, como escribir en un blog para dar a conocer esta situación con la esperanza de que alguien aguante leyendo hasta aquí (hola).

¿Qué puedes hacer tú, como padre, como ciudadano?

– Infórmate de quién da clase a tus hijos. En la reunión de inicio de curso, pregunta educadamente si el profe de Francés sabe algo de francés o si la de Plástica sabe dibujar algo más que garabatos en una servilleta. Pero no la tomes con ellos o con la Dirección; están atados de pies y manos.

– Infórmate de si los profesores que se dan de baja son sustituidos, y cuánto tiempo están tus hijos sin recibir clase de esa asignatura.

– Con la información de los dos puntos anteriores, acude a otros padres. Uníos. Acudid a la Delegación de vuestra ciudad y presentad una queja. Escribid cartas a los periódicos. Difundid lo que está ocurriendo.

– Exige a tus representantes políticos, sean del partido que sean, que se firme un pacto por la educación en la que se comprometan a crear un sistema justo y coherente que no cambie de dirección como una veleta en cada legislatura.

– Participa en las concentraciones y actos en defensa de la Enseñanza que se convocan a lo largo de todo el año. No las veas como algo ajeno. Muévete. Que es la educación de tus hijos, carajo.

Con cualquiera de estas medidas puedes conseguir más que yo con años de quejas.

O puedes no hacer nada.

En tal caso, la próxima vez que contemplemos con horror el deterioro de nuestro sistema educativo, sé consciente de que todos -gobierno estatal, gobierno autonómico, padres, madres y nosotros, la gentuza- somos igualmente culpables.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s