Series históricas: Templarios

Reconozco que acogí con entusiasmo la noticia de que Canal de Historia -ya sabéis, el de los aliens– produciría una serie sobre los templarios ambientada en la Península Ibérica. Y es que la incursión de este canal en el mundo de las series no ha podido ser más positiva: Vikings -de la que soy fiel seguidora- y The Bible -a la que aún no he podido echar el guante, pero de la que me llegan referencias muy buenas- han sido todo un éxito. Con estos antecedentes, se comprende que me frotara las manos al pensar que se emularía el éxito de los de Ragnar Lothbrok, pero esta vez con los legendarios caballeros de la Orden del Templo como protagonistas.

Esto es humildad y no lo de Xavi Hernández.
Esto es humildad y no lo de Xavi Hernández.

Reconozco, también, que mi primera toma de contacto con Templarios fue una total, absoluta y profunda decepción.

Y es que resulta que Templarios no es una serie.

No es una serie como Vikings. No hay personajes demasiado perfilados, no hay diálogos, no hay un argumento como tal. Pese a lo que asegura con cabezonería tanto la página web del Canal de Historia como todas las referencias que he podido encontrar, Templarios es una serie documental con recreaciones al estilo de Memoria de España. Eso sí, un documental muy bien hecho, y con una voz en off espléndida que ayuda a meterse en situación. Pero un documental.

Pasado el bajón de ver que el producto que había estado esperando durante tanto tiempo no era lo que se había anunciado, lo cierto es que no me costó engancharme a Templarios, cuya primera temporada -seis episodios- se hace realmente corta.

La vida y milagros de los Milites Christi

Explicar con palabras en qué consiste Templarios es difícil. Lo mejor que pueden hacer es buscar el primer capítulo -está completa en una web de series que acaba en ly- y ver los primeros diez minutos; resumen, con bastante precisión, las fortalezas y puntos débiles de este doc… serie.

Lo más acertado sería decir que consiste en una sucesión de escenas que recrean la vida de diversos caballeros de la Orden entre las que se intercalan explicaciones de diversos expertos en la materia. El hilo conductor es una escalofriante voz en off que narra, de una forma muy particular, las escenas que se suceden en pantalla. Como ya he dicho, no hay diálogos, ni argumento como tal. Son estampas que, como en Memoria de España, acompañan a la explicación del narrador y los expertos.

Producida por la división ibérica de Canal Historia, esta primera temporada se centra en la gestación de la Orden del Temple -precedida de una explicación sobre la Primera Cruzada- y deriva en su expansión por la Península, con especial atención al reino de Portugal. Personajes ficticios como el niño Artal -al que acompañaremos desde su infancia en un monasterio- se mezclan con otros históricos como el propio fundador Hugo de Payns, o el mítico maestre del Temple en Portugal, Gualdim Pais.

Unos y otros cumplirán muy bien su cometido de hacernos comprender cuál era la psique del templario: qué motivaba a estos hombres a entregar su vida en defensa de una causa, a renunciar a todo -incluyendo a sí mismos- y a morir en defensa de su fe en el campo de batalla.

Caballeros medievales preparados para ir a currar.

En ese sentido, la serie mantiene en todo momento un nivel notable. Las diferentes facetas del templario -su iniciación, sus reglas, su forma de combatir- aparecen perfectamente reflejadas. Templarios tampoco huye de presentar, de una forma cruda y honesta, las salvajadas que, en el marco de las cruzadas, unos y otros cometieron en defensa de su dios. No se dulcifica la apariencia del templario en particular, y del cruzado en general. Las motivaciones de papas y reyes –como Alfonso Enríquez de Portugal y Alfonso I el Batallador de Aragón- se reflejan con exactitud.

A medio camino

El problema de Templarios es un problema de planteamiento. Estamos ante un producto que no puede ser definido netamente como serie ni como documental. Que se queda a medio camino entre una cosa y otra y que acaba, en mi opinión, siendo notablemente inferior a lo que podría haber sido.

Hugo de Payns. Y su pelazo.

Seamos realistas. Producir una seriaza como Vikings en nuestro solar patrio era una utopía demasiado buena para ir más allá. Entiendo que Canal de Historia pretendiera encargar un programa local, a bajo precio pero con buenos resultados. Ignoro cuánto dinero se habrán gastado en filmar la serie, pero Templarios rezuma low-cost por doquier. Escenas que se repiten una y otra vez hasta el hartazgo; imágenes de relleno -la cruz con el lema Milites Christi– de las que se abusa insertándolas en todos los episodios. Luchas y batallas muy mal recreadas, algunas rayando el límite del ridículo, sin ningún realismo. Incluso me pareció reconocer a un par de los asesores encarnando a alguno de los templarios, lo que le da un toque amateur que dudo que fuera lo que se quisiera conseguir.

Pero más allá del reducido presupuesto, que crea limitaciones comprensibles -aunque se podrían haber abordado con más elegancia- Templarios adolece de otros problemas de más calado.

Como ya he comentado, estamos ante un híbrido de serie y documental. Esto quiere decir que en cualquier momento, en mitad de una escena, se dará paso a la explicación de alguno de los expertos, lo que rompe -a veces, de forma bastante patosa- el ritmo narrativo. Algo aún más grave si valoramos la atmósfera creada por la estupenda selección musical y la soberbia interpretación del narrador, unidos en momentos auténticamente épicos que se van al garete cuando la escena se corta, apareciendo la jeta de uno de los asesores. Personalmente habría prescindido por completo de estas explicaciones; pero, ya puestos, me pregunto si no habría sido posible reducir sus intervenciones o crear distintos bloques al principio y/o al final de cada episodio. Para que al menos Templarios pareciera una serie como Dios manda.

La calidad de los dichos asesores también es dispar. Ateniéndonos a sus intervenciones en pantalla, encontramos un heterogéneo grupo en el que encontramos historiadores, recreacionistas, religiosos y escritores, la mayoría  de nacionalidad española. Entre ellos hay grandes nombres que sonarán a los aficionados a la novela histórica, como José Luis Corral, Matilde Asensi o Almudena de Arteaga. Sin embargo, sus aportaciones resultan intrascendentes -y en el caso de Arteaga, casi irrisorias-. Las intervenciones más interesantes son, precisamente, la de los rostros menos conocidos, como el historiador Guillermo Cózar o el sacerdote católico y escritor, Jesús Sánchez Adalid.

El guión y la forma de estructurar los episodios también es muy mejorable. Si en principio cada entrega pivota en torno a una idea -el primero de ellos, Por vuestra culpa, narra el comienzo de las Cruzadas, mientras que el segundo, Nueve, nos cuenta la fundación del Temple- en los últimos la narración salta frecuentemente de un asunto a otro dando una sensación de falta de cohesión que no beneficia a la extraña estructura de la serie. Los dos últimos episodios se centran en Portugal y en la figura del maestre portugués, Gualdim Pais, abusándose de la repetición de escenas e ideas hasta el infinito. El final de la temporada es abrupto y mal hilado; si no supiéramos que sólo consta de 6 episodios, nada haría pensar que Santo Grial es el cierre de esta primera parte de Templarios.

Gualdim Pais. Un tío majo.

Quede claro que Templarios no es un mal producto. No del todo. Entretiene y transmite, que supongo es lo que busca una producción de Canal de Historia. El problema no es que Templarios sea mala, sino que podría haber sido mucho mejor. Su visionado completo deja una sensación de desazón, de quiero-y-no-puedo. De oportunidad desaprovechada para rodar dentro de nuestras fronteras, quizá no una serie épica al estilo Vikings, pero sí una producción de buena factura e inteligentemente resuelta.

De momento, se queda a medio camino. Apunta maneras y rebosa intenciones, pero le falta gran parte de lo demás Habrá que esperar a las segunda temporada para ver si esta serie documental sobre los míticos caballeros consigue al fin satisfacer las altísimas expectativas creadas.

Imágenes: Canal de Historia.

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