El ángel que llora

Ángel en el Retiro

La primera vez que fui a Madrid ya era mayor de edad. La verdad es que, más allá de algún edificio emblemático y alguna que otra fuente -ejem-, no me había preocupado demasiado por saber qué aspecto tenía la capital de mi país. Según la sabiduría popular, la ciudad bonita por antonomasia en España es Barcelona. En la inevitable confrontación entre las dos grandes urbes, suele ser Madrid la que se lleva la peor parte. A ojos del que no ha ido nunca, la capital aparece como una ciudad despersonalizada, un centro administrativo sin alma. Un kilómetro cero desprovisto de encanto.

Pasé la mayor parte de aquel viaje mirando hacia arriba, no sólo por la escasa altura de una, sino por la sorpresa que me causaba cada edificio, cada monumento y diríase que cada esquina. Ese aire algo clásico, esa belleza sobria, ese carácter un tanto ecléctico sin terminar de enfilar hacia el exceso. El centro de Madrid posee un lugar que admirar en prácticamente cada paso que das. Madrid no tiene icono emblemático, sencillamente porque dispone de diez mil donde elegir. Porque la identidad estriba en el conjunto, en cada calle, en cada plaza, y no se reduce a una catedral o a un nombre en concreto.

Desde entonces habré pisado esa ciudad una docena larga de veces, y cada vez que voy y tengo un ratito para perderme por ella no termino de descubrir nuevos detalles, nuevos lugares, cosas en las que no me fijé la vez anterior; estatuas, monumentos, edificios. Sitios, no sólo que fotografiar, sino que disfrutar. Donde la belleza no se reduce a una simple cuestión de estética. Plazas y parques por donde puedes haber deambulado por varias ocasiones sin dejar de hacer nuevos descubrimientos. Porque Madrid no sólo tiene de todo, sino que lo tiene para todos. Y el hecho de no tener un monumento típico, un autor consagrado o una iglesia de visita absolutamente obligada te obliga a callejear sin dejar de captar nuevas imágenes que conforman un catálogo inabarcable que no siempre sale en los libros. A descubrir nuevos detalles como, por ejemplo, este ángel que llora.

– Madrid, 25 de agosto de 2010.

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