La leyenda negra: América y la Brevísima

El vídeo que encabeza la entrada se hizo relativamente famoso el año pasado, por lo que puede que ustedes ya lo hayan visto; si no lo han hecho, les emplazo ahora mismo a hacerlo. Más allá de la opinión que me merezca el alcalde de Mijas (en Youtube hay vídeos de otras intervenciones suyas, menos gloriosas) lo cierto es que aquel día estuvo tremendamente inspirado y dio una respuesta absolutamente soberbia a un discurso que sólo manifiesta -“Descubrimiento“ es un término imperialista y por eso planteamos sustituirlo por ”Villa Romana”…¿en serio?– una profunda falta de cultura.

Lo triste es que esta falta de cultura no sea exclusiva del concejal que habla en el vídeo ni del grupo al que representa -por si a alguien le interesa, una coalición entre el grupo Los Verdes y un partido llamado Alternativa Mijeña en cuya página web pueden ver que se presentan con una doble nomenclatura, Artehnatiba Miheña, imagino que redactado en un supuesto idioma andaluz-. Lo triste es que esta falta de razonamiento crítico ante la Historia y de falta de capacidad de contextualización de la mayoría de la población española. De eso, me temo, no tiene culpa nadie salvo los profesores.

Reconozco que aún no he terminado de entender por qué esta virulencia y esta capacidad de ofensa cuando se habla del llamado Descubrimiento. Me explico: a mí se me enamora el alma cuando veo una falcata. La cultura ibera, su divergencia, su heterogeneidad -desde la riqueza de los turdetanos (zona de la actual Sevilla) hasta el relativo atraso neolítico de los gemnetas (Baleares)- sus rasgos celtas en el norte… Todo lo relacionado con los iberos es fascinante, y no sé cuántas horas habré pasado mirando fijamente la réplica de la Dama de Baza que saluda a los viajeros que entran al Aeropuerto de Granada. Ella y su prima hermana, la Dama de Elche, son los más famosos vestigios de los que quizá pudieran ser llamados habitantes primigenios de estas tierras, si antes no hubieran existido culturas tan desconocidas -tanto que no sabemos realmente dónde estuvieron exactamente situadas- como Tartessos, amén de las colonizaciones griegas y fenicias. Un auténtico sustrato de pueblos que convivían, comerciaban, se peleaban y configuraban lo que un señor llamado Heródoto denominó -prácticamente por primera vez- Iberia.

Y sin embargo, este sustrato inicial, esto que podríamos llamar, generalizando bastante, los primeros españoles -al menos en etapa histórica- acabó siendo absorbido por un pueblo mucho más avanzado tecnológica y militarmente, después de que Iberia se convirtiera en uno más de los campos de batalla entre ellos y otro pueblo antagónico, también muy desarrollado. Algunos pacíficamente, otros manu militari, la mayoría de pueblos iberos fueron siendo conquistados y aculturados por los más imperialistas de los imperialistas: el Imperio romano.

Y aun así, me la juego a que jamás habrán visto a un español reprochándole a un italiano romano oriundo del monte Capitolino -pues el resto casi que también es territorio conquistado- el genocidio perpetrado con la rica cultura ibera.

Entre otras cosas, porque nos obligaría a plantearnos… ¿qué han hecho por nosotros los romanos?

Con la desintegración del Imperio romano (y en parte siendo culpables de ella) vinieron los que tradicionalmente se llamaban pueblos bárbaros. Ellos nos trajeron la Edad Media con todo lo que ello significa; a los visigodos les debemos, entre otras cosas, algo tan arquitectónicamente fundamental como el arco de herradura, invento que erróneamente se ha atribuido durante mucho tiempo a los árabes. A las invasiones del norte de África se les deben tantas cosas que no cabrían en una sola entrada. Y después llegarían los pueblos cristianos del norte, para devolvernos lo más importante de todo: naturalmente, hablo del jamón.

¿Con esta introducción tan larga qué quiero decir? Que quien no ha conquistado Iberia, Hispania, llámenla como quieran, es porque no ha querido. Que de esas sucesivas conquistas, emigraciones e inmigraciones se configura el actual pueblo español. Y que incluso el más patriota podría reconocer que, fusilamientos y carga de los mamelucos aparte, las ideas que trajeron los franceses de S. M. José I de España habrían supuesto un gran adelanto para nuestro país, -siempre y cuando hubieran dejado su horrible comida al otro lado de los Pirineos-.

¿Qué les debemos a todos ellos, tartesios, iberos, cartagineses, fenicios, griegos, romanos, visigodos, vándalos, árabes, andalusíes, beréberes, almorávides, almohades, asturleoneses, aragoneses, navarros, castellanos, nazaríes…?

Lo que somos

Y por esta simple razón, se me escapa la virulencia y la falta de contexto con la que últimamente se aborda el Descubrimiento y Conquista de América. Pues al igual que el españolito de hoy no podría negar ninguna de sus herencias sin hacer el ridículo, América, en su totalidad y heterogeneidad, se debe actualmente casi tanto a las influencias europeas y africanas como al sustrato indígena -originario, por cierto, de Asia-. América, como España, no habría sido lo que es hoy sin las sucesivas oleadas de pueblos, primero invasores, luego inmigrantes. Para bien o para mal.

El mito del buen salvaje

Antes de continuar hay que hacer una acotación acerca de nuestra propia visión de las sociedades amerindias que tuvo un gran impacto tanto en la obra de Las Casas como en la formación y transmisión de la leyenda negra. Hablamos de lo que vulgarmente se conoce como el mito del buen salvaje o el mito de los primitivos vs civilizadores.

Aunque los pueblos colonizados tenían o habían tenido culturas tan complejas como las mayas, aztecas, incas, chinas, hindúes o ashanti, una de las tendencias de los primeros antropólogos fue centrarse en datos sobre pueblos cazadores-colectores […] para otorgarles aspectos más “salvajes”

Moreno Feliu, Encrucijadas Antropológicas

¿Qué es el mito del buen salvaje? En una palabra: Pocahontas.

Según esta visión, muy típica de los exploradores y aventureros que viajaban por la selva a ver qué se encontraban, en ausencia de contacto con el mundo externo (de raíz europea), se configuraban una serie de sociedades que en contacto con la naturaleza estaban más atrasadas pero vivían más felices, y a los que la llegaba del hombre blanco contagiaba todos los vicios habidos y por haber. El hombre en estado de “salvajismo” sería pues naturalmente bondadoso y sólo la llegada del hombre blanco-europeo llevaría la maldad a esas tierras vírgenes e idílicas.

Es teoría demuestra ante todo un racismo galopante porque presupone que:

  1. Una cultura puede estar atrasada con respecto a otra, es decir, una cultura puede ser superior a otra. La misma palabra lo dice: salvaje.
  2. Los indígenas de la selva -el buen salvaje- no poseían capacidad innata para hacer el mal, lo que les relega a un estatus, como humanos, inferior al hombre europeo.
  3. Ignora completamente la organización (a veces muy compleja), rituales, religión, e incluso dominación territorial de las culturas de las que estamos hablando (como la dominación que la ciudad de Tenochtitlán hacía de los pueblos indígenas de la periferia).
Reconstrucción de Tenochtitlán vía arkiplus.com. Unos señores que se curraban algo así merecen, como cultura, bastante respeto.
Reconstrucción de Tenochtitlán vía arkiplus.com. Unos señores que se curraban algo así merecen, como cultura, bastante respeto.

Y muchos caen en el error del buen salvaje cuando piensan en los amerindios que encontraron los españoles al poner un pie en América. Como si estuviéramos hablando de un grupillo de ignorantes con cuatro chozas y no de auténticos imperios tan culturalmente ricos y militarmente potentes como los Incas o los Aztecas.

Conquistadores, no soldados

Cuando uno imagina a los conquistadores llegando a América se figura -tal y como los inmortalizó De Bry, de quien hablaremos más adelante-, como una tropa bien protegida, bien armada, arcabuz al hombro. Frente a ellos, un puñado de indios armados tan sólo de palos y flechas, destinados a ser masacrados sin piedad por las armas de fuego de los europeos.

No fue exactamente así. Para empezar, porque la conquista no fue llevada a cabo por los que podríamos definir como soldados profesionales. Esos tenían trabajo en el continente y no tenían necesidad de embarcarse en la aventura del marinero genovés, que para las gentes de la época debía tener tantas posibilidades de éxito como de acabar sirviendo de comida a los peces. Como ya vimos en la entrada que dediqué al 12 de octubre, la empresa parecía tan arriesgada que hizo falta que intervinieran los respetados hermanos Pinzón para que alguien le hiciera caso al pobre Colón. Imaginen pues la clase de gente que se lanzó, no sólo a poblar la Niña, la Pinta y la Santa María, sino a las expediciones posteriores. Aventureros desesperados, malamente armados. Conquistadores, que no soldados.

Conquistadores desembarcaron en América, y lo hicieron principalmente armados como podría haberlo hecho un caballero de la Edad Media, con armas blancas de corta distancia y ballestas. Las armas de fuego fueron escasas y, como señala Juan Sánchez Galera (“Vamos a contar mentiras”, EDAF) poco efectivas para ese tipo de pelea, pues un arcabuz requería de no menos de cinco minutos para ser armado entre disparo y disparo. El combate fue principalmente cuerpo a cuerpo.

Así que la versión tradicional de españoles abatiendo indios a golpe de arma de fuego queda parcialmente desmontada. Sin esta superioridad, ¿cómo se explica que Hernán Cortés -según Elliott- conquistara una ciudad de un cuarto de millón de habitantes con 508 hombres? ¿Cómo se explica que Pizarro con sus 171 españoles venciera a los 40.000 incas en Cajamarca? El Imperio Azteca tenía unos 10 millones de habitantes; el Inca, 16.

Leamos al maestro Domínguez Ortiz:

La explicación reside sólo parcialmente en la superior tecnología europea: las armas no eran tan desemejantes, pues la mayoría de los españoles portaban armas blancas y las escasas armas de fuego (arcabuces y unos pocos cañoncitos) eran de poco alcance. Su efecto fue más bien psicológico, así como el de los caballos y perros; […] Su aparición les hizo un efecto parecido al que nos causaría una invasión de extraterrestres. […] Pasado el efecto de sorpresa, lo mismo en México que en Perú hubo una fuerte reacción.

Los factores tecnológicos y psicológicos encierran, pues, una parte de la explicación, pero hay que acudir también al político. Los dos grandes imperios indígenas eran construcciones muy jerarquizadas y absolutistas […]. Hemos visto que el imperio azteca era una federación regida por una raza minoritaria que se había impuesto por sus condiciones guerreras y que era odiada por sus vecinos, sometidos a razzias y guerras salvajes […].

Antonio Domínguez Ortiz, Historia Universal. Edad Moderna.

La flagrante inferioridad numérica de los conquistadores fue compensada mediante la incorporación de otros pueblos amerindios, que vieron en Cortés, Pizarro y los suyos los libertadores que podrían librarles del yugo de unos pueblos o clases que les dominaban militarmente –¿a alguien le suena la historia?– y les utilizaban como materia prima para sus frecuentes sacrificios humanos. En algunos casos formaban hasta el 90% de los ejércitos, y esta es la parte que se suele omitir de la leyenda negra de la Conquista de América: que, principalmente, fueron indios -dirigidos por españoles- combatiendo contra indios.

Aquí vemos a unos supuestos indios tlaxcaltecas, que se unieron a los españoles para luchar contra los aztecas. Fuente: gobierno de México.

 

La hecatombe demográfica

Se acusa a los españoles de haber llegado a América y asesinado a golpe de arcabuz a unos 20 millones de indígenas. Ya hemos visto que, en batalla, esto habría sido sencillamente imposible por su inferioridad numérica y la poca efectividad de las armas que portaban. Y sin embargo, sí que se produjo la citada hecatombe demográfica: se acepta que aproximadamente tres cuartos de la población desaparecieron tras la llegada de los conquistadores.

Esta tragedia tiene dos motivos principales:

  • Las pobres condiciones de vida a las que quedaron reducidos los amerindios, con las crueles encomiendas, con condiciones de trabajo durísimas que en muchos casos les provocaban la muerte.
  • Pero, principalmente y como ya he explicado varias veces, la alta mortalidad de indígenas se debió a las enfermedades que los españoles trajeron con ellos. Entre 1518 y 1519, por ejemplo, la viruela destruyó a casi toda la población indígena de Santo Domingo.

Fray Bartolomé de las Casas y la Brevísima

Fray Bartolomé de las Casas es una figura controvertida: un hombre que, en sí mismo, tiene tanto una leyenda negra como una leyenda rosa. Para muchas personas, Las Casas es la cara amable de la Conquista, el hombre que alzó la voz y protegió a sus indios. Algunos historiadores patriotas, horrorizados por el hecho de que hubiera sido uno de los suyos el artífice de un arma tan poderosa contra el Imperio, le acusaron de mal español. Es difícil, que no imposible, encontrar un punto de equilibrio en un hombre que primero fue encomendero -se discute si llegó a plantearle a Carlos V la necesidad de traer habitantes de África para que sustituyeran a los amerindios en sus duras tareas-, y después, tras escuchar el sermón de otro clérigo que denunciaba los crímenes contra la población indígena, se convirtió fervientemente a su causa. Y ése es el punto con el que deberíamos quedarnos: que desde el mismísimo principio los propios españoles denunciaron los malos tratos a los que se sometía al indígena. Fray Bartolomé de Las Casas fue sólo uno más de ellos; eso sí, el más famoso y escuchado.

Fue la necesidad de mano de obra con la que explotar el oro y cultivar aquellas tierras lo que planteó graves problemas organizativos y, en el fondo, morales: ¿Qué derechos tenían los indios, reconocidos finalmente como seres humanos?: si no podían ser sometidos a esclavitud como ratificaron los reyes en 1500, ¿cómo asegurarse su trabajo y justificar la dominación española? Los abusos de los primeros encomenderos […] se denunciaron en el famoso Sermón de Adviento del dominico Antonio de Montesinos, que tanto impacto causó sobre Las Casas.

Alfredo Floristán, Historia de España en la Edad Moderna

No se observe, por favor, la actitud de Las Casas desde un punto de vista actual: este dominico, como todos los que acudieron a América, buscaba como fin la evangelización de los pueblos amerindios . La tolerancia hacia otras religiones y formas de vida es un concepto absolutamente moderno. De todos los españoles que realizaron la difícil travesía entre Europa y América, muchos fueron por buscar fortuna, pero una nada desdeñable porción de personas lo hicieron completamente convencidos de su misión civilizadora y evangelizadora. Estaban sinceramente convencidos de que sólo el Cristianismo podía salvar las almas de los indios. Algunos entregaron su vida por la causa. Las Casas sólo fue uno más de esos hombres. Y uno más de los que comprendieron que la violencia no era la solución. Como había hecho fray Hernando de Talavera con el conflicto judío antes del Decreto de Granada, Las Casas pretendía evangelizar -civilizar- pacíficamente. Nada más. Y nada menos.

Lo singular del hecho es que Las Casas fue escuchado. Que Las Casas, y algunos otros, consiguieron que la preocupación sobre el trato que se daba a los amerindios llegara a Carlos V. Que Las Casas y los detractores de la brutalidad lograron que la Conquista se detuviera temporalmente en el año 1550 y el trato otorgado a los indígenas, así como su categoría como seres humanos fuera discutido muy en serio, con la aprobación real, en la Controversia de Valladolid, donde las opiniones de los que pensaban que los indios tenían una categoría inferior (Sepúlveda) mordieron el polvo ante las argumentaciones de Las Casas, inspirado a su vez en el espíritu del jurista Francisco de Vitoria -quizá el primero que había llegado a cuestionar el derecho de conquista sobre los indios; en algunos libros he llegado a leer que Vitoria llegó a participar en los debates, difícil en cuanto a que llevaba cuatro años muerto-. Lo singular es que Las Casas fue tan tomado en cuenta que ya en 1542 Carlos V había promulgado las llamadas Leyes Nuevas, que ratificaban la prohibición de la esclavitud -que había abolido Isabel la Católica en el año 1500- y ponía fin a las encomiendas. Como podéis imaginar, estas leyes promulgadas en España no fueron estrictamente aplicadas en América por falta de hombres que las hicieran cumplir; pero lo insólito, por novedoso, es que el monarca español permitió un debate sobre la legitimidad de su propia conquista.

En 1552 (cuando debía tener entre 70 y 80 años) y ya en la Península, Las Casas publicó su obra más famosa, la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, base por antonomasia de la leyenda negra. Al respecto de la Brevísima hay que decir que, si bien tiene un indudable poso de realidad, historiadores del ayer y del hoy han calificado de exageradas sus descripciones -Voltaire mismo lo hizo en su Ensayo sobre las costumbres y como él varios ilustrados-. Desde mi punto de vista, quizá esas exageraciones esperaban mover las conciencias de sus coetáneos. Hay que imaginar a un fray Bartolomé ya envejecido, quizá creyendo alzar por última vez la voz a favor de sus indios. Dudo que él esperara el impacto que su obra iba a tener. Ni la manipulación a la que sería sometida.

La imagen habla por sí sola. Fuente: dominicos.org

 

Théodore de Bry y la propaganda

La Brevísima cayó como agua de mayo en manos de los enemigos del Imperio: a saber, franceses, ingleses y holandeses a los que les importaba un pimiento los derechos de los indios, pero a los que llevaban los demonios al verse excluidos del reparto de las nuevas tierras. De hecho, tanto les interesaba el bienestar de los amerindios a los hijos de la Gran Bretaña que mandaron a Francis Drake y algún pirata inglés más -perdón por la redundancia- a saquear Santo Domingo y Cartagena de Indias. Pero la obra de Las Casas -¡una obra atacando a España escrita por un español!- fue rápidamente traducida y utilizada como arma de propaganda. Un apunte: si en el original, fray Bartolomé hablaba siempre de “cristianos” -pues eso era lo que horrorizaba al fraile, que cristianos fueran capaces de cometer esas atrocidades- al ser traducida por Miggrode, un protestante flamenco, esa palabra fue cambiada siempre por “español”.

Pero la puntilla la daría un señor llamado Théodore de Bry, grabador protestante que produjo una serie de bellísimas y edificantes ilustraciones para la Brevísima de Las Casas y otro libro bastante famoso, la Historia del Mundo Nuovo de Girolamo Benzoni, un texto que se apoyaba en lecturas de las que seleccionaba sólo los pasajes relativos a la crueldad de los españoles. De Bry catapultó al éxito a la Brevísima, convirtiéndolo en un auténtico best-seller de la época, plasmando todos los supuestos horrores que relataba, con escaso rigor, el bienintencionado dominico. En la web de la Biblioteca Cervantes los podéis ver todos con su texto aparejado: ni pizca de desperdicio tienen.

Luego os metéis con la propaganda de los partidos políticos. Nótese la alta presencia de armas de fuego. Fuente: Flickr.

Y en la Brevísima, sin lugar a dudas, se apoyó nuestro ya conocido Guillermo de Orange para escribir su Apología.

Tanto éxito tendría el texto, que se seguirían imprimiendo ediciones hasta fechas relativamente posteriores. Casi todas con títulos de lo más imaginativos. Así, en una fecha bastante tardía respecto a su redacción, en la ciudad de Nueva York las palabras de Las Casas fueron sacadas de nuevo a la luz bajo el descriptivo título An Historical and True Account of the Cruel Massacre and Slaughter of 20.000.000 of people in the West Indies by the Spaniards.

¿Adivinan en qué año se publicó esta edición? 1898

Exacto: justo antes de la Guerra de Cuba.

Los descendientes de los conquistadores y de quienes habían vencido, despojado y explotado a los primeros habitantes de América no tenían el menor escrúpulo para reivindicar el pasado precolombino del continente y dirigir contra los españoles de la metrópoli las antiguas acusaciones de Las Casas a propósito de Conquista y opresión colonial.

Joseph Pérez, La leyenda negra

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3 thoughts on “La leyenda negra: América y la Brevísima

  1. Me ha parecido sumamente interesante ylo sería mucho más que esto saliera en los libros de historia, que los alumnos tuvieran que estudiar esta leyenda.
    En mi caso, debido a mi profesión, conozco bastante de armamento, y a mi pasión por la lectura, había cosas que no me encajaban en la conquista del Nuevo Mundo: como 200 hombres mal alimentados, con un armamento poco efectivo iban a masacrar una ciudad con el supuesto millón de personas? Pero solo cuando tuve 30 años, durante unas conferencias en la academia militar donde cursaba estudios, tuve le pude poner nombre a una serie de cosas que había ido leyendo a lo largo de los años: “Leyenda Negra Española” era el título de la ponencia. Durante hora y media, de hecho se modificó el horario de las clases por la cantidad de preguntas que estaban surgiendo, nos fue desgranando esto que tú escribes aquí.
    Después, cuando mi hija llegó a la edad de estudiar historia, por curiosidad, miré sus libros de historia y efectivamente venía la conquista de América, pero como cuando yo la estudié, nada nuevo, nada sobre la leyenda negra, nada sobre sus órigenes y el por qué de su difusión. Así ocurrió que mi hija comenzó a oir cosas, entre ellas una canción del grupo Mago de Oz titulada “El árbol de la Noche Triste” que habla sobre el tema. Mi hija cierto día me hizo un comentario al respecto de lo dicho en la canción y en la supuesta masacre de Hernán Cortés. En lugar de contarle nada de la leyenda le dije que buscara en una enciclopedia cuantos hombres llevaba, qué era un arcabuz, y un par de cosillas más. Al acabar me dijo que había algo que no le encajaba y entonces le expliqué lo que yo sabía de la leyenda.
    Ahora viene una cuestión que me asalta puesto que tú eres docente. Por qué no se estudia esto cuando se estudia la conquista de América? Por qué se sigue dejando creer que eso es como cuenta la leyenda? Por qué no se cuenta que ya Isabel en el año 1500 reconocía derechos a los indios o que Carlos V prohibió su esclavitud?
    Creo que esta leyenda, como otras muchas cuestiones históricas que no se conocen salvo por estudioso servirían para no hacernos olvidar lo que fuimos y somos como nación y dejaríamos de oir que España nunca fué nada y no lo será nunca.
    Un saludo.

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    • Hola Ángel. La pregunta que planteas tiene enjundia, muchísima.

      Para empezar, siempre he pensado que toda la exaltación de lo patriótico que impregnó la enseñanza durante los cuarenta años de franquismo ha ocasionado una reacción de, digámoslo así, vergüenza por nuestra Historia y los personajes que la hicieron posible. Hemos pasado sin término medio de la misión civilizadora de España por el orbe al genocidio de los indios americanos. Y ni una cosa ni la otra. Siempre me ha resultado revelador que hayan tenido que ser historiadores extranjeros los encargados de desmontar los mitos de nuestra Historia. Los españoles, o no se atrevían, no eran escuchados. Una actitud que afortunadamente parece que estamos superando (o eso me hace pensar, por ejemplo, el “boom” que ha sufrido este año la figura de Blas de Lezo, héroe hasta ahora absolutamente olvidado).

      Este reparo a hablar del genio militar del Gran Capitán o de las virtudes de Felipe II no sólo ha alcanzado la enseñanza básica, sino que también lo ha hecho en la universitaria. Siempre les digo a mis amigos que les sorprendería saber lo poco que me han hablado a mí en clase de estos temas, y siempre muy de puntillas. En general la enseñanza de la Historia en la universidad es muy deficiente, puramente memorística. Pocos profesores te obligan a adoptar una actitud crítica y razonar.

      Con ese panorama en la universidad, no me extraña lo que tú mismo has podido ver en el libro de Historia de tu hija. Primero porque esta materia en la ESO ha quedado reducida a la mínima expresión y cuatro rasgos básicos. En Bachillerato sí es una señora Historia mucho más extensa, pero tan sólo desde el Antiguo Régimen en adelante, vayamos a pillarnos los dedos. Por la experiencia que tengo, la mayoría de profesores se limitan a recitar el libro de texto y punto: principalmente porque muchos no tienen capacidad para hacer otra cosa ya que ni siquiera son licenciados en Historia (por el sistema que tenemos, cualquier persona con una licenciatura en lo que sea puede convertirse en profesor de eso tan genérico conocido como Ciencias Sociales), y los que la tienen, o bien se van acomodando en repetir el programa oficial, o tienen miedo de decir algo que pueda ser malinterpretado. En el instituto no se fomenta el razonamiento crítico, y así es muy difícil que un chaval de doce o trece años entienda siquiera por qué unos señores del siglo XV eran incapaces de contemplar el concepto “tolerancia religiosa”.

      Si a eso le sumamos la cultura popular -el ejemplo que mencionas de Mago de Oz, y otros grupos que también conozco que hacen canciones de temática histórica muy sesgadas-, que no sabemos explotar nuestra Historia ni en el cine ni en televisión -también afortunadamente aquí parece que empezamos a espabilar, con producciones como “Isabel” que sin terminar de incurrir en determinados manierismos, sí presentan una versión más objetiva… que a muchos les molesta- tenemos el lío montado. Si encima añadimos la manipulación política -la exaltación que se hace en Andalucía del mito de Al-Ándalus y la tolerancia religiosa, por ejemplo- verás por qué este tipo de cosas no llegan a los libros de texto.

      Y mi conclusión final: realmente, esto a casi nadie le interesa. Yo misma tengo conocidos en Twitter o Facebook que el 12-O pasado compartieron chorradas hablando de genocidio y demás. La mayoría, españoles y la mayoría no habrán leído un libro de Historia en su vida. Ni, por supuesto, esta entrada, porque en el fondo no les interesa. Eso sí, el próximo Día de la Hispanidad volverán a dar la matraca con su ignorancia.

      Muchas gracias por leer y comentar. Y enhorabuena por invitar a tu hija a investigar y razonar ella misma, pues ése es el camino para aprender de verdad.

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