Esperándola del cielo #ArqueológicoYA

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Dicen algunas encuestas que la Carrera del Darro es la calle más bonita del mundo; no sé si será verdad, pero a buen seguro habrá pocas con tantos atractivos y tantos puntos en los que fijarse. Desde el río embovedado que serpentea al pie de las casas, hasta las torres de la Alhambra que asoman por encima de los tejados, pasando por edificios como la Iglesia de San Pedro y San Pablo -de estilo mudéjar-, hay tanto a lo que atender que es habitual que uno acabe perdiéndose algo. Precisamente frente a esa iglesia está el edificio de la foto. Bajando desde el Paseo de los Tristes es fácil fijarse en el balcón tapiado, característico de la Casa de Castril, actual Museo Arqueológico y Etnológico de Granada.

La Casa de Castril es un edificio típicamente renacentista atribuido a Sebastián Alcántara, uno de los discípulos aventajados de Diego de Siloé -arquitecto de la Catedral de Granada-. Su fachada, profusamente ornamentada, muestra una representación de la Torre de Comares que hace referencia a la familia de los Zafra, cuyo miembro más destacado, Hernando de Zafra, recibió de los Reyes Católicos -de los que era secretario-, la merced de construir una casa mirando a la Alhambra tras la Toma de la ciudad. Alguno de sus descendientes haría uso de esa prerrogativa, y así surgió la Casa de Castril, escenario de una de las más curiosas leyendas de Granada.

El nieto del citado secretario, también Hernando, vivía con su única hija Elvira, a la que esperaba procurar un matrimonio provechoso. A la citada muchacha no se le ocurrió otra cosa que caer prendada de un miembro de la familia de los Quintanillo, enemigos enconados de su padre. Estando Elvira en su habitación con un pajecillo que le había traído noticias del indeseado amado, Zafra irrumpió llevándose la equivocada conclusión que pueden ustedes imaginar. Ni corto ni perezoso, el noble hizo ahorcar al paje en el balcón. Cuando Luisillo, que así se llamaba, pidió justicia, Hernando de Zafra le respondió que podía quedarse “esperándola del cielo”. Tras su muerte, el balcón fue tapiado y las contundentes palabras grabadas sobre él. Hasta hoy.

En primavera del año 2010, el Arqueológico de Granada fue cerrado temporalmente por obras. Casi cuatro años después, nada se sabe de esas reformas que mantienen uno de los principales museos de la ciudad indefinidamente cerrado a propios y extraños. Nadie en Granada parece saber cuándo volverá a abrir sus puertas la Casa de Castril. Quizá las palabras de Hernando de Zafra fueran más proféticas de lo que él intuía. Quizá nosotros, como el desgraciado Luisillo, también tengamos que resignarnos a esperar del cielo una justicia que no parece pasar por los despachos de los políticos.

– Granada, 2010.

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