Del Descubrimiento que no fue tal, y otras curiosidades del 12 de octubre

Hoy es 12 de octubre, día de la Hispanidad y fiesta nacional de la patria que, salvo que se demuestre lo contrario, resulta que es la mía. 12 de octubre; día de la Raza en los países iberoamericanos, Columbus Day en yanquilandia, y día oficial de sentirse avergonzado por haber protagonizado el hecho más trascendente de la Historia Universal en este país nuestro tan especial en sus simpáticas peculiaridades.

(Absténgase algún descendiente de los ingleses que masacraron a los nativos norteamericanos o de los criollos que hicieron riqueza de la esclavitud ajena en venir a darnos lecciones a las personas cuyos ancestros se quedaron tranquilamente en su tierra. Por favor.)

Día, por tanto, perfecto para resaltar algunas curiosidades del Descubrimiento en sí.

1. La primera es que el Descubrimiento no fue tal, porque resulta que América ya había sido descubierta -por no americanos, se sobreentiende-. Lo hicieron los vikingos en torno al año 1000, cuando llegaron a la Isla de Terranova, a la que llamaron Vindland. Lo que sí hicieron los españoles y no los hijos de Odín, fue incorporar América a la Historia Europea, dándole la bienvenida a la modernidad con sus adelantos, su lengua, su religión, su guerra y sus maravillosas enfermedades epidémicas.

2. Nadie puede asegurar con total certeza de dónde era Cristóbal Colón y muy probablemente jamás lo sepamos. Esto es así porque el señor Almirante de la Mar Océana mantuvo sus orígenes envueltos en misterio; su propio hijo no contribuyó más que a enredar el entuerto, y sobre el documento que afirma su origen genovés hay serias dudas de su autenticidad, aunque ésta  parece ser la opción más plausible. Yo he leído teorías que vinculan a Colón con una media docena de países que suelen coincidir, muy oportunamente, con la nacionalidad del que las escribe.

A modo de curiosidad, hay una teoría que afirma que Colón tendría origen catalán. Recuerdo que hace unos años la televisión autonómica catalana emitió un reportaje sobre este tema, y la interpretación de algunos telespectadores fue que Colón había ocultado su nacionalidad a los Reyes Católicos por su anticatalanismo -no aclaraban si también participaban los monarcas en el boicot al fuet y la pizza Tarradellas, pero suponemos que también-. Evidentemente esta conclusión era una soberana tontería, y lo que obviaban estas mentes clarividentes era que la teoría llevaba aparejada que Colón no sólo era de origen catalán, sino también judío, lo que evidentemente habría sido la razón de que ocultara su linaje.

3. Lo único cierto es que Colón aparece en Portugal, navegando para su rey Juan, al que intenta convencer de la viabilidad de llegar a las Indias, pero a las de verdad, atravesando el Atlántico. El rey luso no le hizo ni caso porque la empresa, las cosas como son, parecía asaz descabellada a la par que peligrosamente costosa, y el portugués andaba más que contento con las posesiones africanas que el último tratado con Castilla había puesto bajo su zona de influencia. Colón acabó en La Rábida buscando alguien que le hiciera algo de caso y el resto de la historia ya la conocen ustedes.

4. Pero ni siquiera cuando los Reyes Católicos le dieron el visto bueno, ordenando al puerto de Palos que proporcionara las naves para lanzarse a lo que parecía una locura muy bien pensada, acabaron los problemas del misterioso navegante. Había convencido a los reyes, pero le faltaba lo más importante: convencer a los aventureros que habrían de enrolarse en su tripulación. Y aquí son determinantes los hermanos Pinzón -que fueron tres- especialmente el capitán Martín Alonso Pinzón, cuyo apoyo a Colón fue el que consiguió llenar al fin los tres barcos que partirían rumbo a las Indias.

5. Por cierto: no fueron tres carabelas, sino dos: la Santa María no era una carabela, sino una nao, nave mucho más grande.

Réplica de la Santa María en la exposición de 1893 de Chicago.
Réplica de la Santa María en la exposición de 1893 de Chicago.

6. A principios de octubre, los marineros empezaban a desesperarse y Colón a ponerse nerviosete; él no lo sabía, pero había cometido un error de cálculo al no tener en cuenta la diferencia entre sus millas y la milla árabe en la que se basaban los autores a los que había estudiado. La noche del 6 de octubre, estalla un motín; nuevamente Martín Alonso Pinzón es quien salva la situación, tranquilizando a los marineros. Colón fue el jefe de aquella expedición, pero el auténtico capitán, el hombre que hizo posible que las tres tripulaciones arribaran a tierras americanas, fue el mayor de los hermanos Pinzón.

7. El primer español en avistar el nuevo continente y gritar “¡Tierra!” como un poseso fue el vigía de la Pinta, Juan Rodríguez Bermejo, más conocido como Rodrigo de Triana. Aunque se cree que vivió toda su vida en el barrio sevillano que le da nombre, parece que era natural de Lepe.

8. La pregunta del millón: ¿sabía Colón hacia dónde iba? ¿Era la ruta comercial una simple excusa para descubrir un continente cuya existencia conocía de antemano? Pues como en el caso de sus misteriosos orígenes, hay teorías para todos los gustos -seguro que el Canal Historia debe tener algún reportaje que lo relacione con los aliens; nunca fallan- y lo más probable es que jamás tengamos clara la respuesta. El mismo fray Bartolomé de las Casas nos cuenta que Colón ya había estado allí, y hay quien apunta que era un dato que los Reyes Católicos también conocían. Yo, personalmente, creo que hay indicios que podrían hacer pensar -la famosa tesis del piloto anónimo– que Colón conocía perfectamente la ruta que estaban siguiendo. Creo, incluso, que podría ser viable que el almirante tuviera conocimiento de lo que iba a encontrar. Pero, eso sí: sin alienígenas, por favor.

Lo que sucedió después, ya lo conocemos. Llegada de los españoles, contacto con los indígenas. Los Reyes Católicos recibiendo a Colón en Barcelona. Segundo viaje, acabar a la gresca con la Corona, y todo lo demás.

Para los nativos americanos, prácticamente en su mayoría, la llegada de los españoles -y de los que vinieron después- supuso una desgracia. Al norte, los colonizadores ingleses no dejaron títere con cabeza. Al sur, la brutalidad fue algo menor, e incluso se produjo un fuerte fenómeno de mestizaje entre conquistadores y conquistados. Pero lo que provocó la auténtica hecatombe indígena fueron las enfermedades que los españoles trajeron del Viejo Mundo, y para los que ellos no estaban inmunizados.

Aunque desde nuestro tiempo se nos antoje deleznable, se dieron auténticos debates sobre la humanidad de los indios. Debates que, por otro lado, podrían parecer incluso comprensibles si tenemos en cuenta que los descubridores se encontraron con imágenes tan edificantes como las siguientes:

“Tenían una piedra larga, la mitad hincada en tierra, en lo alto encima de las gradas, delante del altar de los ídolos. En esta piedra tendían a los desventurados de espaldas para los sacrificar, y el pecho muy tenso, porque los tenían atados los pies y las manos, y el principal sacerdote de los ídolos o su lugarteniente, que eran los que más ordinariamente sacrificaban, y si algunas veces había tantos que sacrificar que éstos se cansasen, entraban otros que estaban ya diestros en el sacrificio, y de presto con una piedra de pedernal, hecho un navajón como hierro de lanza, con aquel cruel navajón, con mucha fuerza abrían al desventurado y de presto sacábanle el corazón […] Los corazones a las veces los comían los ministros viejos; otras los enterraban, y luego tomaban el cuerpo y echábanle por la gradas abajo a rodar; y allegado abajo, si era de los presos en guerra, el que lo prendió, con sus amigos y parientes, llevábanlo, y aparejaban aquella carne humana con otras comidas…”

Palabras de fray Toribio de Benavente, también conocido como Montolinía. Los sacrificios humanos y la antropofagia de algunos pueblos indígenas están plenamente documentados, tanto por fuentes arqueológicas como por las literarias.

La reina católica, en su testamento, consideró a los indígenas sus súbditos y ordenaba que se les diese un trato humano; otra cosa es que le hicieran mucho caso. A pesar de voces como la de fray Bartolomé de las Casas, el nativo americano acabó siendo arrinconado en su propio continente; y la independencia de los distintos países que se fueron formando, en mi opinión, hizo poco por mejorar su situación. Recordemos que son los descendientes de los colonizadores los que encabezan la mayoría de movimientos de emancipación -empezando por Bolívar, de origen vasco, y San Martín, cuyo padre era de Palencia-, clases altas de una sociedad donde el indígena encomendado y el esclavo africano siguen estando en el estrato más bajo. La historia de estos pueblos es dramática, y hoy en día los efectos del neocolonialismo siguen haciendo estragos en gran parte de los países americanos.

El 12 de octubre es, por tanto, el día que cambia la Historia. No es quizá el día que se descubre América, pero sí es el día en el que América se abre a Europa. Nada más y nada menos que un nuevo continente que tendría un impacto decisivo, que cambiaría para siempre la economía, el equilibrio geopolítico y hasta la gastronomía.

No sabemos qué habría ocurrido si Colón no hubiera sido capaz de fletar sus carabelas. O si Martín Alonso no hubiera podido sofocar aquel motín. No sabemos exactamente qué habría pasado si el amigo Rodríguez Bermejo, allá en su puesto de vigía de la Pinta, no hubiera dado la voz de “¡Tierra!” aquel 12 de octubre. Pero lo que es seguro es que viviríamos en un mundo sustancialmente distinto.

(Y que no tendríamos tortilla de patatas.)

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