¿Por qué expulsaron los Reyes Católicos a los judíos?

Aprovecho que estos días la serie Isabel está rescatando uno de los puntos más oscuros del gobierno de los Reyes Católicos, y  la que probablemente sea la pregunta que más me han planteado en las charlas sobre el tema. La decisión de marginar primero, expulsar después, a los judíos de la Corona de Castilla, no sólo resulta tremendamente chocante desde la perspectiva de nuestro tiempo, sino que a la larga resultó ser un error tremebundo que lastró para siempre la economía de Castilla. Así que, aunque ya he mencionado varias veces el tema de refilón, me gustaría meterme de lleno en una de las cuestiones más complejas de la Edad Moderna española.

Expulsión de los judíos de España, de Emili Sala i Francés

El estado medieval versus el estado moderno.

Uno de los factores que caracteriza el paso de la Edad Media a la Edad Moderna es el nacimiento del Estado como tal. Hasta esta época tenemos el reino medieval, más basado en relaciones personales de feudovasallaje que en auténtico sentimiento de pertenencia a una tierra. El concepto nación, en la Edad Media, sencillamente no existe, y no se desarrollará de manera plena hasta la Edad Contemporánea, cuando tras la revolución de 1789 Francia adquiere por primera vez unas señas de identidad propias -el himno  La Marsellesa y la bandera tricolor- más allá de los símbolos borbónicos. Antes de eso, sólo hay dos elementos que aglutinan y cohesionan a todos los ciudadanos de un reino: la religión y la figura del rey.

En la Baja Edad Media, casi albores de la Edad Moderna, encontramos precisamente a los Reyes Católicos intentando romper con esa sociedad feudal controlada por nobles y señores, e implantando el germen de lo que será la moderna España. Esto lo refleja de forma excelente la serie de televisión, mostrando el contraste entre la feudal y medieval Aragón -aún no ha muerto el rey Juan II- y una Castilla que ya empezaba a abrirse a una nueva era. Una Castilla en la que todos sus ciudadanos estuvieran bajo la autoridad directa del rey, sin nobles intermediarios que pudieran poner en peligro la autoridad real.

Pero las tierras en manos de Isabel y Fernando eran demasiado heterogéneas para crear una identidad común entre sus gentes. Por un lado tenemos la peculiar Corona de Aragón, controlada fuertemente por la oligarquía. Por otro, una Corona de Castilla que incluía territorios tan distintos como la fachada atlántica o la Baja Andalucía. A raíz de la conquista de Granada, este problema no haría más que agudizarse, sumando a la ecuación al recién conquistado pueblo granadino, aferrado tercamente a sus costumbres y religión mahometana.

La religión como elemento de cohesión

En esta tesitura resultaba más o menos lógico, desde el punto de vista del gobernante de la época, que se buscara una unidad religiosa como elemento aglutinador del reino. La religión cristiana había formado parte de la identidad de los pueblos que iniciaron la Reconquista; y la nueva España moderna tenía que ser, por fuerza, cristiana.

La decisión de expulsar a los judíos, dictada en el mismo año 1492 mediante el Decreto de Granada, no tuvo que ser fácil para Isabel y Fernando. Me cuesta pensar que unos monarcas que mostraron no estar ausentes de inteligencia no valoraran las repercusiones que podría tener su decisión. Sólo hay que observar el caso de los moriscos y cómo hicieron falta hasta dos revueltas para que se decidiera a expulsarlos de territorio español.

Hablar de los judíos siempre es difícil. No sólo fueron expulsados de España; de hecho, Castilla fue uno de los últimos reinos en hacerlo. Históricamente el pueblo judío ha constituido la minoría más incómoda de todas: la minoría rica. Emprendedores, depositarios de una gran tradición cultural que se molestaban en transmitir y poseedores de un fuerte sentimiento de raza. Tenían un gran poder económico, eran los prestamistas y banqueros de los reyes; y eso era algo que al pueblo no le sentaba nada bien. Ni en Castilla, ni previamente en Inglaterra o en Francia.

Ilustrativo mapa de la Wikipedia.

Causas de un destierro

Como en todo hecho histórico que se precie, su razón se puede descomponer en causas políticas, causas económicas y causas sociales.

Causas políticas: incomodidad provocada por una minoría religiosa tan fuerte social y económicamente. Necesidad de agradar a la Santa Sede, presentándose como adalides de la fe católica. Hacer de la religión cristiana el caballo de batalla que cohesionara el nuevo reino que estaba a punto de nacer con la unión de Castilla y Aragón en la figura de la reina Juana.

Causas sociales: acabar de cuajo con los disturbios y malestares que en la población cristiana causaba la presencia de la poderosa minoría judía, aunque seguiría existiendo aún un problema de mayor o igual calado; hablamos, obviamente, de los conversos.

Causas económicas:  sin duda los Reyes Católicos esperaban llenar las arcas con las propiedades que los judíos tuvieron que dejar atrás o malvender.

Consecuencias

A la larga, la expulsión de los judíos fue probablemente el mayor error del reinado de los Reyes Católicos. Castilla perdió su impulso dinamizador, y no sólo lo perdió Castilla, sino que lo ganaron los que posteriormente serían sus rivales. Los judíos huyeron sobre todo a los Países Bajos, que tan duramente plantarían batalla al Imperio español; o al otomano, cuyo sultán, Bayeceto, valoró el error de los monarcas españoles con unas certeras palabras que resumen, a la perfección, el resultado del Decreto de Granada: “¿Rey político llamáis al que empobrece su tierra y enriquece la nuestra?”

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2 thoughts on “¿Por qué expulsaron los Reyes Católicos a los judíos?

  1. Pues básicamente porque les habían pedido tanto dinero para costear guerras, que devolvérselo era poco menos que complicando, por lo que expulsarlos y darlos por expropiados, era mucho más sencillo y barato, pues ya no había nada que devolver y sí mucho por vender, y regalar, para ganar favores. Es decir, primero les pidieren el favor y después le robaron, made in spain total. Aquellos judíos fueron los primeros preferentistas de la Historia.

    Este país no cambia ni con 500 ni con 5.000 años, es el país de los enchufados, los chanchullos, los corruptos, los ladrones, las puñaladas traperas y el descrédito y escarnio públicos para todo aquel que ose denunciarlo en voz alta.

    En Francia hubo guillotina, lo que en un principio hizo un poco de clareo entre la gente y los ladrones, y de segundas dejó las mentes un poco más despiertas y críticas, pero en España no ha habido guillotina y van haciendo falta apremiante unas cuantas desde hace ya siglos…

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