Monasterio de Cartuja

Continúo con mi objetivo de rellenar de contenido este blog cuyo propósito inicial ha sido boicoteado sin piedad por el tijeretazo pertinente, y lo hago mostrando a los 2 ó 3 lectores que debo de llevar acumulados una parte semi-desconocida de la que objetivamente debería ser reconocida como la ciudad más bonita del mundo y que, oh casualidad, es la mía.

Y es que hay gente, ya se sabe, que aunque cuando viaja a otros lugares se patea hasta el último rincón que indique el portal de viajes de turno, cámara en mano e Instagram alerta, y sin embargo, los muy catetos, ignoran alguno de los puntos de interés más bellos de su propio terruño.

Como yo, por ejemplo.

Así que después de pasar no menos de seis años de mi vida subiendo y bajando cada día de la semana -excepto los viernes, que es día de prácticas, y las prácticas en Historia… bueno– la célebre cuesta de la Cartuja, me decidí a entrar en el monasterio que da nombre a uno de los campus -y el más grande- de la UGR, que da cabida a los universitarios que se dejan llevar por su sensibilidad humanística y su vocación. Y también a los de Empresariales.

Antes de nada…

Stat Crux dum volvitur orbis

Kartuizerembleem
(La cruz es estable mientras el mundo da vueltas. Podría ser el título de la próxima canción de España en Eurovisión, pero no; es el lema de la orden de los cartujos.)

Vámonos al año 1000 d.C.; año mil para los amigos. ¿Qué pasó en el año mil? Fácil: que la plebe esperaba que se acabara el mundo -algo así como los madridistas tras la salida de Mourinho-; pero ni el mundo se acabó, ni el Real Madrid -para desgracia de las personas que me ven chillar desaforada a la tele cada fin de semana- tampoco. Como consecuencia de ello -de lo del mundo, digo- una ola de profundo agradecimiento se extendió por toda Europa, dando lugar a una época de mayor espiritualidad y de acercamiento a Dios. Agradecidos infinitamente por no haber sido fulminados de la faz de la Tierra, la gente de la época se vuelta en movimientos como el románico, donde se exalta esa espiritualidad, donde la relación íntima entre el creyente y el de allá arriba cobra sentido en interiores oscuros donde se anima a la meditación -o a echarse una siesta-.

Unos ochenta años después de que millones de personas observaran con sorpresa que el mundo seguía intacto, San Bruno -cuyo nombre completo era Bruno de Hartenfaust; o sea, San Bruno- fundó una comunidad en un lugar llamado Chartreuse, que daría lugar a la Orden de los Cartujos, sometidos a estrictas reglas de silencio, de ayuno y de aislamiento del mundanal ruido. De ahí que los monasterios estén donde el Redentor dio las tres voces.

El monasterio de la Cartuja de Granada fue empezado a construir en el siglo XVI y está situado, efectivamente, en una zona que no hace mucho era aislada e inhóspita -depende de a qué horas de la noche, lo sigue siendo en la actualidad-. Afortunadamente para los monjes, no tuvieron tiempo de experimentar la enorme alegría de que les instalaran un campus al lado para que una horda de universitarios armados con carpetas de gomas les jorobaran el retiro espiritual, porque fueron expulsados del lugar en el siglo XIX, poco antes de que parte del monasterio fuera destruido.

El monasterio de la Cartuja de Granada

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Al monasterio se accede por una portada que da a un patio interno donde, entre otras cosas, se puede comprar la módica guía de 0.60 euros que me está sirviendo a mí para hacer este post. La fachada renacentista tiene alguna reminiscencia tardogótica como los contrafuertes y su sobriedad general no hace adivinar lo que nos espera dentro.

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Una vez pasado por caja para comprar la entrada desembocamos en el Claustrillo, donde se nos advierte que no debemos hacer fotos -ups-, llamado así porque el Claustro con todas las de la ley fue destruido, como ya he dicho, en el siglo XIX. Desde allí, como es habitual en la tipología monasterial, se va accediendo a las distintas estancias.

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La primera sala que nos encontramos es el Refectorio donde vemos una crucería gótica. Las paredes están decoradas con cuadros de Sánchez Cotán, que también es el autor de una cruz pintada en relieve y del impresionante retablo, también en relieve, que hay en la sala anexa -De Profundis- verdaderamente acongojante.

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También por el Claustrillo se accede a la Sala de Legos, la Sala Capitular y distintas capillas situadas pegadas a la nave central de la iglesia. Lo más relevante son los cuadros de Carducho y un Ecce Homo en barro cocido del siglo XVI.

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Iglesia

Evidentemente la parte fuerte de la visita es la iglesia de una sola nave, cuyo interior es de un barroquismo de los de quitar el hipo. Está dividida en tres partes: una para los monjes, otra para los legos, y la más pequeña para el pueblo corriente y moliente.

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Las paredes de la iglesia están profusamente decoradas con relieves en yeso y cuadros sobre la vida de la Virgen. Destaca la impresionante puerta que separa el coro de monjes y el de legos, en cristal de Venecia, madera y marfil.

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 En el Altar Mayor encontramos un riquísimo badalquino de Francisco Hurtado Izquierdo, en cuyo centro se levanta la imagen de la Asunción, a la que está consagrada la iglesia.

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Sin embargo lo más impresionante está a un lado y tras el altar, donde encontramos los accesos a la Sacristía y el Sanctasanctórum o Sagrario para los no amantes de los trabalenguas.

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Sacristía. Lugar verdaderamente impresionante tallado en mármol de Lanjarón, con recubrimientos de entre otros marfil y plata. Al fondo hay un retablo presidido por una imagen de San Bruno y una Inmaculada en mármol de Carrara.

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 En cuanto al Sagrario, construido también por Hurtado Izquierdo, utilizando el mármol como base para el impresionante tabernáculo que se alza en el centro, sostenido por ocho columnas salomónicas y decorado con estatuillas.

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El conjunto es realmente apabullante y las paredes también están decoradas hasta el hartazgo con figuras y pinturas.

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Y con esto concluye la visita -que puede ir desde media hora hasta una hora perfectamente si te recreas en todo lo que hay para recrearse; como anécdota mencionar que la segunda vez que fui casi me quedo encerrada en la iglesia porque llegó la hora del cierre y ni me había enterado- de este lugar frente al que tantas personas pasan diariamente sin tener la más remota idea de los enormes tesoros que guarda dentro.

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Más fotos en mi galería de Flickr.

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