Series históricas: Spartacus.

Spartacus (2010 − 2013)

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Temporadas:

– Spartacus: Blood&Sand (primera temporada) – 13 episodios, 2010.

– Spartacus: Gods of the Arena (precuela) – 6 episodios, 2011.

– Spartacus: Vengeance (segunda temporada) – 10 episodios, 2012.

– Spartacus: War of the Damned (tercera temporada) – 10 episodios, 2013.

 

The bringer of rain. 

Spartacus nos retrotrae a las peripecias del famoso esclavo que desafió a Roma. La serie, como ya he señalado, cuenta con tres temporadas y una precuela -que, pese a su nombre, debe ser visionada después de la primera temporada, ya que en sus créditos hay un spoiler bastante importante-. Importante destacar que el proyecto sufrió un obligado cambio de protagonista cuando el actor que encarnaba a Spartacus, Andy Whitfield, tuvo que abandonar debido a un cáncer que acabaría provocando su fallecimiento. Le sustituiría Liam McIntyre, quien sin llegar al nivel de carisma de Andy logró mantener el tipo, dando vida aceptablemente al famoso gladiador hasta el final de la serie. En este intervalo es cuando se decide rodar la precuela Gods of the Arena cuya calidad, en mi opinión, la sitúa como lo mejor de la saga Spartacus.

El protagonista de Gods of the Arena es Gannicus, un tío muy majo.
El protagonista de Gods of the Arena es Gannicus, un tío muy majo.

Spartacus se inicia con la detención de este tracio auxiliar de las cohortes romanas para ser enviado al ludus de Batiatus como gladiador, convirtiéndose en poco tiempo en una celebridad local -the bringer of rain- hasta llegar a iniciar la célebre revuelta de los esclavos. Gods of the Arena, sin embargo, nos sitúa unos años antes; con el también famoso gladiador Gannicus veremos cómo el lanista Léntulo Batiatus convierte su humilde casa en el ludus más importante de Capua.

Todo esto se envuelve con una inconfundible estética heredada de 300, lo que configura una serie que, visualmente, es muy atractiva. Luchas a cámara lenta, movimientos imposibles, torsos musculados hiperdesarrollados, desnudos frontales para todos los gustos y escenas de alta carga erótica son el santo y seña de una serie que intenta impactar en todo momento. Y lo consigue, vaya que sí.

Spartacus y Crixus, destinados a odiarse. O no.
Spartacus y Crixus, destinados a odiarse. O no.

The Brotherhood.

Sin embargo, si lo que atrae de Spartacus es su estética, lo que engancha es su argumento. Sí, he dicho argumento. Lo hay, y es bueno. En cuanto la primera temporada arranca -los primeros episodios son flojetes- coge un ritmo descomunal que desemboca en un gran final. La erróneamente llamada precuela es magnífica, y nos permite sumergirnos de manera muy cruda en las entrañas de Capua.

No obstante, en ningún momento pretende Spartacus convertirse en un retrato costumbrista al estilo de Roma. Para nada. El punto fuerte de la serie es mostrarnos la vida del gladiador, la vida del ludus. Personajes memorables como el lanista Batiatus, su mujer Lucretia, su hombre de confianza Ashur, nos introducen en los entresijos de la política romana de provincias. Los gladiadores nos llevan a la arena, al entrenamiento diario, a los diversos estilos de combate y la rígida forma de emparejarse unos con otros. Nos llevan a la hermandad, a la amistad y las envidias, o al hecho tan duro -pero real- de tener que matar a un amigo o un hermano. Nos llevan a la destartalada arena original de Capua y, después, al gran anfiteatro donde vislumbramos con claridad aquello de pan y circo. Nos llevan al combate por la muerte o por la vida. Y en algunos casos, a la gloria.

Es en la arena donde Spartacus alcanza sus momentos álgidos. Es en el enfrentamiento soterrado entre Spartacus y Crixus, o el combate memorable de un carismático Gannicus. En los tejemanejes que se traen Batiatus y Lucretia, pareja que acaba resultando entrañable, y su lucha por conseguir que los gladiadores de la casa Batiatus sean considerados los mejores de Capua.

Las dos temporadas finales son quizá las que más flojean en este sentido. En el ludus, los guionistas se mueven como peces en el agua. Cuando los gladiadores salen de él para convertirse en rebeldes, empiezan las incongruencias.

Y los problemas para los romanos, claro.
Y los problemas para los romanos, claro.

Defectos.

La historia decae un poco cuando los gladiadores se convierten en líderes de la revuelta, aunque también es el momento en el que podemos profundizar en el carácter de Crixus, Gannicus y cía. Vengeance, la segunda temporada, consigue mantener el interés mientras los esclavos consolidan su rebelión sin dejar de pelearse entre sí. Lástima que War of the Damned, la que debería haber sido temporada apoteósica y memorable, sucumba en sus propios excesos y un argumento pobre, no terminando de despegar hasta los últimos capítulos y condensando prácticamente el meollo de la revuelta en los dos o tres últimos tras varias horas de relleno. Y es que, en el momento en el que Spartacus lo tenía todo a su favor para hilar una serie de episodios que nos dejaran sin aliento -la aparición de Craso y César; sí, Cayo Julio César- decidió recrearse más que nunca en larguísimas escenas de sexo y violencia que poco o nada aportaban, convirtiéndose casi en una parodia de sí misma.

Conseguir que galos y germanos no quieran destriparse mutuamente es una tarea más complicada de lo que parece a simple vista.
Conseguir que galos y germanos no quieran destriparse mutuamente es una tarea más complicada de lo que parece a simple vista.

One day Rome shall fade and crumble…

Los hechos históricos más generales son prácticamente de los pocos que se parecen inmutables en Spartacus, que no pretende ser fiel a la realidad pero lo acaba consiguiendo, sospecho, más de lo que inicialmente podría esperarse.

Como últimamente se han empeñado en señalar varios expertos, los combates de gladiadores no eran tan sangrientos como se presenta en la serie. No siempre acababan con la muerte de uno de los combatientes, ni tienen necesariamente ese fin. Ésta es, sin embargo, una exageración que está presente en varios aspectos de la sociedad romana que refleja Spartacus, siempre tan tendente a la hipérbole.

Con los gladiadores campando fuera del ludus, la revuelta de los esclavos se desarrolla con sus aciertos y sus fallos. Los guionistas han dado en el clavo al reflejar la división que había en el seno de tan heterogéneo grupo, las diferentes motivaciones y los distintos fines que perseguían, y los problemas de liderazgo a los que tuvo que enfrentarse el real Espartaco. La separación entre Spartacus y Crixus ocurrió, sin embargo, antes de que el famoso Marco Licinio Craso recibiera la misión de derrotar al gladiador rebelde. Sí es cierto que Espartaco le rindió honores organizando unos juegos de gladiadores.

Craso no logró derrotar a Espartaco, por lo que el Senado tuvo que enviar a Pompeyo. En este momento se produce otra disensión en el núcleo de los rebeldes, y un grupo al mando de Gannicus abandona a Espartaco, siendo derrotados por Craso.

Sin duda lo que más ha llamado la atención es la aparición del mismísimo Cayo Julio César en la serie. En efecto César, tan dado a dejar por escrito sus peripecias, no menciona en ningún momento que formara parte de las legiones que acudieron a meter en vereda a los esclavos rebeldes. No es, no obstante, del todo descabellado que lo hiciera. Una licencia más que, sin embargo, aportó una indudable bocanada de aire fresco con la aparición de un personaje de lo más atractivo y carismático.

No es el César más ortodoxo de la tele. Pero mola.
No es el César más ortodoxo de la tele. Pero mola.

Cuidado con el porno.

Obviamente, hacer visionar en clase un capítulo entero de cualquier temporada de Spartacus puede ser el camino más directo para que nos abran expediente. Spartacus es, en toda regla, una serie para mayores de dieciocho: tiene sexo explícito y violencia salvaje, con abundante sangre y vísceras. Que no es que los nenes no hayan visto porno antes, pero queda feo que llegue el profe de Historia y lo ponga en la pizarra digital regalada por la editorial de turno.

Sin embargo hay escenas aisladas que son muy aprovechables. Todas las correspondientes al entrenamiento de los gladiadores, escenas cotidianas dentro del ludus, escenas de batalla con una magnífica formación de la legendaria testudo. Sí, debe haber media docena de películas sobre el tema, que quizá sean más adecuadas para proyectarlas en clase, ¿pero algunas con la inconfundible y atractiva estética directamente heredada de 300? Pues eso.

Yet you shall always be remembered in the hearts of all who yearn for freedom.

Pese a todos los fallos que he señalado, en su global la serie no es mala. Ni siquiera como serie histórica. No llega al nivel de Roma, y el mal desarrollo tanto de algunos personajes como de la propia línea argumental empañan lo que podría haber sido un producto -dentro de sus cánones- memorable. Porque Spartacus no sólo no pule sus defectos, sino que acaba refocilándose en ellos, quizá en una extraña auto reivindicación que yo, personalmente, no llegué a entender. Lamentablemente, debido a esta auto complacencia, los aficionados a la Historia y seriéfilos ortodoxos por igual componen un mohín de desprecio cuando escuchan hablar de la serie, y desprecian un producto que no tiene nada que envidiar de otras historias más ensalzadas.

Pero quizá ésta sea una reflexión sin sentido, pues me da la impresión de que sus creadores sabían muy bien qué estaban haciendo. Y lo consiguieron. Spartacus es lo que es; para lo bueno y para lo malo.

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One thought on “Series históricas: Spartacus.

  1. Debo decir que me pareció una zaga genial, en todos los aspectos, fue de menos a mas, las escenas, las locaciones, el vestuario -si se le puede llamar así-, las ejecuciones todo fue teniendo un toque mas crudo,real y creible. Nos traslada a la historia y hace match con lo que sabemos de ella. No descuidaron detalle. Altamente recomendada. Es de lo mejor que he visto, tal vez porque también los actores, todos dieron una actuación espectacular, no hubo un papel pequeño que no tuviera su genialidad. Actores nuevos con su propio toque.
    Por otro lado, vi un par de capítulos de Roma, y no me capturó, no me atrajo, la sentí floja. Para nada.
    También traté de ver la Reina blanca, que fue otra producción de la misma compañía y pues no, me pareció aburrida, las actuaciones malas, novatos.
    Veremos si los piratas evolucionan porque el primer capítulo que pasaron, no se antoja seguir.

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