Series históricas: una necesaria introducción.

Cuando hablamos de recursos multimedia, muchos profesores se limitan a los manidos documentales o presentaciones en Power Point. Y es cierto que cuando uno ha estudiado a base de libro de texto y diapositivas -diapositivas originales, de las que tenían un botoncito para pasar de una a otra que, con suerte, el profe dejaba apretar al menos gamberro de la clase- el despliegue que permite la pizarra digital puede parecer novedoso. Pero seamos sinceros: una ficha con más de diez líneas proyectada en la pared no es atractiva ni para ellos ni, probablemente, tampoco para nosotros.

Reconozco que dediqué una gran parte del tiempo que destinaba a preparar mis clases a buscar recursos novedosos e impactantes que pudieran conseguir la proeza de mantener callados a mis bestezuelas durante cinco minutos. Sin ningún pudor recurrí a lo que yo denomino aprendizaje mediante el trauma© y es que no es lo mismo un documental aséptico de 50 minutos del History Channel sobre los nazis que ver a un apacible abuelo sentado en el programa de Ana Rosa llorando a lágrima viva mientras cuenta las atrocidades que le han hecho. Los documentales, salvo en algunos casos muy concretos, deberían desterrarse de las aulas. Está matemáticamente comprobado que los nenes empiezan a bostezar en cuando sale el logo de Discovery, National Geographic o alguno de la decena de canales documentales con los que personalmente fui torturada durante mi infancia -sólo que, en mi caso, con el añejo sabor de un VHS cascado y con interferencias-.

Yo en clase he puesto de todo. Desde los tarados de History Teacher, pasando por trozos del musical de Los Miserables -no conseguí que mis queridos alumnos prestaran atención real hasta que descubrieron que el actor que hacía de Marius era uno de los Jonas Brothers-, partidas grabadas de Call of Duty y cualquier chorrada que pudiera relacionarse mínimamente con el tema a tratar y consolidar algunos contenidos en esas mentes tan huidizas.

Por supuesto están las películas y las series. Poner una peli no es tema baladí: hay que tener en cuenta que se pierde mínimo 3 clases, eso teniendo en cuenta que todo funcione a la primera (no suele ser normal). Por tanto la peli debe de ser muy buena o nosotros tenemos que estar muy desesperados por perder esas tres clases. Obviamente no todas las películas garantizan la atención de los nenes. Hay algún cafre que pretende colar en las aulas películas de hace más de veinte años o -peor- en blanco y negro (¡qué barbaridad!). Cuando les pones un vídeo frente a las narices, sea lo que sea, tienes que intentar que les llame la atención.

Nadie entendió mejor esta regla de lo atractivo que la profe de lenguas clásicas de un instituto en el que estuve. Durante una semana los chicos estuvieron viendo aquella degradante Troya de Brad Pitt puesto hasta arriba de esteroides. Que yo no sé qué contenido didáctico tiene exactamente esa película, pero lo cierto es que esa semana ni una sola de mis alumnas faltó a Latín y Griego.

Y yo la verdad es que no les culpo.
Y yo la verdad es que no les culpo.

En los descansos no se hablaba de otra cosa que de la fisonomía de Aquiles -y no precisamente de su talón- mientras los chicos jamás podrán olvidar quién fue Helena de Troya. O al menos su pechamen. Pues eso. Objetivo conseguido.

A mí, sin embargo, me gustan más las series. Se adaptan más al tiempo de una clase, sobre todo las de la nueva hornada americana que no superan los 45 minutos. Están bien hechas, son atractivas, tienen sangre, enseñan carne y son perfectas para clases de 2º de la ESO en adelante.

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Este Julio César, admitámoslo, llama más la atención que el de los libros de texto.

Algunas, como Band of Brothers, son sencillamente excepcionales. Otras, como Spartacus, son más flojitas y hay que visionarlas con tiento, pero pueden valer para ilustrar ciertos acontecimientos a nuestros alumnos adolescentes hambrientos de sangre, o sencillamente regodearnos en nuestra necesidad de sacar fallos y gazapos a toda obra ambientada en tiempos pretéritos. Así que en esta serie de artículos voy a intentar reseñar cualquier serie histórica que caiga en mis manos, analizando la fidelidad a los acontecimientos y el nivel de aplicación didáctica en clase, si lo hubiera o hubiese.

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