Desmontando mitos: la tolerancia de la Ál-Andalus multicultural

La historia ya se la saben. Desde el año 711 hasta 1492 la Península Ibérica, en mayor o menor parte, vive ocho siglos de dominio musulmán que nos legan algunos de los períodos más brillantes de ésta nuestra piel de toro. Esplendor político, con el Califato de Córdoba, uno de los estados más importantes de la época; y esplendor cultural, como por ejemplo con el Reino Nazarí, que recoge toda la herencia andalusí y la inmortaliza en obras como la sin igual Alhambra. Así, cuando el último rey musulmán emprende el camino de salida con lágrimas en los ojos -y yo le entiendo perfectamente- es tal la huella dejada por la cultura árabe/andalusí que aún la percibimos hoy en día.

Hasta ahí, bien.

No obstante, resulta que el mito va más allá. A menudo se asocia la imagen legendaria de Al-Ándalus con las palabras “crisol de culturas”, o, aún peor, el concepto moderno tolerancia. En escuelas e institutos se transmite con absoluta ignorancia una imagen bucólica, más sacada de Las mil y una noches que de la realidad, de una España musulmana donde judíos, cristianos y musulmanes vivían en paz y armonía.

Una imagen muy bonita que tiene como único defecto ser absolutamente falsa.

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Sobre la formación del profesorado

El otro día estuve viendo este fantástico documental sobre Educación realizado mediante crowdfunding -es decir, con el dinero que afloja gente desinteresada- donde varias personas dan sus opiniones, en algunos casos contrapuestas, sobre los males endémicos de la Educación en España. Me llamó la atención que uno de los primeros expertos en hablar ya menciona la mala preparación del profesorado como uno de los problemas fundamentales. Y me llamó la atención, no porque no lleve razón -la lleva- sino porque es algo que cada vez se escucha más, con más fuerza, y desde más sitios.

La temporada anterior de ese magnífico programa que es Salvados se iniciaba con un reportaje, Cuestión de educación, donde Jordi Évole se trasladaba a Finlandia a estudiar el ya tan famoso sistema finlandés. Con esa maravillosa capacidad que tiene el ser humano en general, y en español en particular, de quedarse con lo que le interesa, a todo el mundo le impactó que en Finlandia los profesores tuvieran que pasar pruebas durísimas, resultando precisamente el maestro de niveles más bajos al que más vocación y formación se le exigiera. De los restantes puntos clave mostrados por el reportaje –la baja ratio de alumnos por clase, la amplia presencia de profesores de apoyo, la enorme implicación de la familia– no se dijo mucho, pero el tema de la formación del profesorado coleó y sigue coleando. Hoy en día todo el mundo, desde el señor del banco hasta el de la pescadería, opinará que el profesor español es el peor preparado del primer mundo y parte del tercero, que deberían saber más inglés y más informática, usar más powerpoints y dejarse de lecciones magistrales y exigir la lista de los reyes godos. ¿Llevan razón? Sí. Aunque no por los motivos que ellos sospechan.

Para argumentar mi análisis me utilizaré a mí misma como sujeto ejemplo. Enumeraré mis (pocos) méritos: como base teórica tengo una licenciatura en Historia. Como base pedagógica, tengo el Máster de Secundaria especialidad Geografía e Historia. Me he presentado a las oposiciones de la Junta de Andalucía una sola vez, obteniendo una nota de algo más de ocho, suma de los dos exámenes, tiempo trabajado -cero patatero en ese momento-, nota de expediente y mil cursillos de formación comprados al peso.

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La vida 2.0

Hace muchos años -no tengo el valor de contarlos- cuando empezó a popularizarse la presencia de cibercafés en España, recuerdo que una de las aficiones principales de cualquier pandilla de amigos -la mía, mismamente- era quedar “para ir al cíber” y desde allí, cada uno en un ordenador o por parejas, entrar a lo que genéricamente se conocía como “el chat”, porque entonces nos parecía realmente novedoso eso de estar hablando con un señor de la Conchinchina desde un local cutre junto al bar de Paco.

Entretenimiento adolescente a finales de los años 90.

El chat, en la mayoría de los casos, solía ser el mítico IRC, y la diversión, que ahora me parece absurda, solía seguir el mismo patrón. Uno abría el mIRC, se conectaba a los socorridos canales correspondientes (#granada en nuestro caso, #sexo en el de los adolescentes de corte más salidorro) e iniciaba aleatoriamente conversaciones con los nicks que más curiosos nos parecieran de la siguiente forma:

– hola
– hola
– como estas?
– bien y tu?
– tb

Y así hasta el infinito.

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Las torres eternas de Jaén

Siempre hay un momento de la infancia en el que surge la fascinación por algo, y en el caso de la Catedral de Jaén yo no sería ni preadolescente, pero tenía unos tíos que habían comprado una casa en la sierra de Jabalcuz. Desde la ventanilla trasera del coche, ascendiendo por aquella cuesta, vi por primera vez las torres de la catedral surgiendo de entre el racimo de viviendas de aspecto destartalado. Asomaban y volvían a esconderse, y creo recordar que en algún punto las casas abrían para permitir mostrar en todo su esplendor la monumental fachada barroca.

Fachada barroca, construcción renacentista y pasado gótico; mezcla total de estilos como la Catedral de Granada, aunque al contrario que ésta -que parece encajada a duras penas entre las sinuosas calles de la maravillosa alcaicería granadina; sólo la apertura de la Plaza de las Pasiegas dota de cierto empaque a un conjunto que jamás llega a alcanzar la monumentalidad- la Catedral de la Asunción surge sin que nadie ose hacerle sombra, destacándose con claridad en el perfil de la ciudad jiennense, perfectamente visible a varios kilómetros de distancia. Encarando al Ayuntamiento, poder civil y religioso enfrentados en una lucha sin fin, sin gloria y quizá sin sentido.

También es por antonomasia una de las catedrales del misterio: dentro hay quien dice haber visto el espectro de un niño, y hace unos años se encontró un misterioso cadáver justo frente a su puerta. Lo único cierto es que en ella se conserva y venera la enésima reliquia de Cristo, en este caso la Santa Faz. Todas las semanas mi abuela, como tantos otros, iba y venía andando del pueblo para rendirle tributo; peregrinos de tradiciones que se resisten a morir, al igual que una vez alguien erigió catedrales como la de Jaén con el fin último de que duraran para siempre.

– Jaén, 28 de septiembre de 2013.

Conversos de Al Ándalus: los mawali o muladíes

Hay quien dice que la aparición de las religiones es lo más dañino que nos ha podido pasar jamás. Yo me pregunto si estas mentes preclaras sabrán que la creencia religiosa no sólo es inherente al hombre, sino que nos define como especie, y es uno de los hitos que marcan la diferenciación entre el mono del que nacimos y el Sapiens Sapiens en el que nos convertimos. Un ser capaz de albergar un sentimiento de veneración hacia algo superior es un ser poseedor de pensamiento abstracto y, por ende, un ser que merece colgarse la etiqueta de humano.

No obstante, puedo entender su línea de razonamiento. Por religión, el hombre ha hecho miles de barbaridades; también las ha hecho por poder, por dinero o por deporte, pero pedir la quema de los estadios de fútbol sólo porque un aficionado reventó a patadas a otro no es mainstream ni mucho menos retuiteable. Evidentemente el impacto que han tenido las tres grandes religiones en el mundo no es comparable por su magnitud a ningún otro fenómeno; y las personas capaces de lanzarse de cabeza para matar por la cruz, la estrella de David o la media luna, innumerables.

Como otra cara de esta extrema fidelidad a la fe tenemos a las personas que bien por iniciativa propia, bien por amable sugerencia -que podía ir desde el beneficio económico a la abierta amenaza-, decidieron dejar la religión de sus padres para abrazar cualquiera de las otras dos. El caso más conocido es el de los judíos que se convirtieron al cristianismo, llamados conversos. El especial caso de la comunidad judía ha hecho que las conversiones masivas de Islam o cristianismo a su religión hayan sido prácticamente inexistentes. Sin embargo, encuentro que es poco conocida la situación real de los cristianos que, tras la fulgurante expansión musulmana, decidieron abrazar la fe de Mahoma. Hablamos de los mawali, aunque en España se les conoció con el nombre de muladíes.

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Del Descubrimiento que no fue tal, y otras curiosidades del 12 de octubre

Hoy es 12 de octubre, día de la Hispanidad y fiesta nacional de la patria que, salvo que se demuestre lo contrario, resulta que es la mía. 12 de octubre; día de la Raza en los países iberoamericanos, Columbus Day en yanquilandia, y día oficial de sentirse avergonzado por haber protagonizado el hecho más trascendente de la Historia Universal en este país nuestro tan especial en sus simpáticas peculiaridades.

(Absténgase algún descendiente de los ingleses que masacraron a los nativos norteamericanos o de los criollos que hicieron riqueza de la esclavitud ajena en venir a darnos lecciones a las personas cuyos ancestros se quedaron tranquilamente en su tierra. Por favor.)

Día, por tanto, perfecto para resaltar algunas curiosidades del Descubrimiento en sí.

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La incultura de España, que no la mía

Está hoy España preocupada porque ha salido un informe que dice que los españoles no sabemos ni leer, ni escribir, ni contar, ni sumar ni restar. Está España preocupadísima porque hoy es uno de los dos o tres días al año en el que se da cuenta de que la educación en este país tiene un problema, y de largo. Está España que de repente no vive por la escasa comprensión lectora de adultos y chavales; y afortunadamente el informe no aclara si nos sabemos o no la regla del fuera de juego, que eso ya sería intolerable.

Bromas aparte, un par de apuntes deslazados, sin orden ni concierto. Sin creer llevar la razón. Tan sólo aportando mi visión.

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